Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
Termina la 81.ª sesión de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, marcada por discursos que reflejaron, una vez más, las profundas divisiones que atraviesan el sistema multilateral. Hubo quienes cuestionaron el concepto mismo de democracia, quienes defendieron a Israel ante las acusaciones de genocidio y quienes advirtieron sobre la situación en Cuba. Discursos que, más allá de su contenido, ilustran el estado actual de un orden internacional donde el consenso es cada vez más difícil de alcanzar. Muchos de ellos pasarán sin pena ni gloria. Ese es precisamente el contexto en el que se produjo una votación que merece ser rescatada y discutida.
El documento A/81/L.2 permite que la delegación palestina pueda participar de manera virtual en las actividades de la ONU si Estados Unidos continúa negando visas a sus representantes. Una propuesta bastante razonable, especialmente porque no se estaba votando el ingreso pleno de Palestina a la ONU, sino una forma de garantizar su participación durante la 81.ª sesión.
La votación tuvo un respaldo abrumador: 152 votos a favor, tres en contra y cuatro abstenciones. Entre esas cuatro abstenciones estuvieron Colombia, Honduras, Perú y Panamá. Y aquí es donde la posición de Panamá resulta interesante. Habrá quienes critiquen esta decisión y la consideren una falta de postura, o incluso una posición pusilánime. Sin embargo, abstenerse no significa necesariamente no tener una posición. También puede interpretarse como una forma discreta de mantener una postura cercana a los intereses de Israel, sin comprometerse completamente con ninguna de las partes.
Esta posición de neutralidad estratégica permite a Panamá evitar un enfrentamiento directo con Israel y, al mismo tiempo, no asumir una postura tan clara como la que tuvo en 2012, cuando fue el único país latinoamericano que votó en contra de conceder a Palestina la condición de Estado observador no miembro de las Naciones Unidas. Pero existe un dato todavía más interesante. La abstención de Panamá no es un hecho aislado. En 2025, cuando se presentó una resolución similar para permitir la participación virtual de Palestina en la Asamblea General, Panamá también se abstuvo. En aquella ocasión, la resolución recibió 145 votos a favor, cinco en contra y seis abstenciones.
Por eso, más que una decisión improvisada, se trata de una línea diplomática que se ha mantenido durante los últimos dos años. No es de extrañar, entonces, que el Gobierno panameño trate de mantener esa neutralidad estratégica sin llegar a menospreciar ni a la comunidad palestina ni a la hebrea radicadas en Panamá, y a pesar de las críticas que puedan surgir desde ambos sectores.
La posición también llama la atención porque Panamá suele defender que su política exterior es soberana. Sin embargo, en temas internacionales sensibles, su posición muchas veces termina coincidiendo con la de Estados Unidos y algunos de sus aliados más cercanos. No es una posición comprometida con ninguna de las partes del problema, sino una que termina alineándose con Washington, como ha ocurrido con otros gobiernos latinoamericanos que buscan fortalecer sus relaciones con Estados Unidos.
Y es interesante observar cómo países como Colombia, Honduras y Perú han cambiado sus posturas sobre el tema palestino a medida que han cambiado sus gobiernos y sus políticas exteriores. En algunos casos de manera radical, como ha sido el caso de Perú, que desde 2012 respaldaba a Palestina. Los cambios políticos en Latinoamérica también terminan afectando la posición de los países respecto al conflicto palestino-israelí. Quizás la pregunta no sea por qué Panamá se abstuvo. Quizás la verdadera pregunta sea qué está tratando de evitar al abstenerse. No necesariamente está buscando escoger públicamente un bando, sino preservar margen de maniobra sin asumir todos los costos de tomar partido. Porque en política internacional, a veces votar en contra dice mucho. Pero abstenerse también dice bastante.