• 29/05/2021 00:00

Universidad y la Cuarta Revolución Industrial

“[…] es la misión de la educación: servir, y más que cualquier otro factor, transformar la vida de las personas y elevar su dignidad, el espíritu de libertad y la justicia social”

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

Se vive a escala global un cambio estructural, que influye, decisivamente, en la definición y funcionamiento de la sociedad en general y en sus diferentes dimensiones: económica, política, educativa, cultural y los derechos de las personas.

Por motivos de la pandemia y del aislamiento físico que fue establecido para evitar su propagación, algunos modelos, previsiones y estrategias, han tenido que repensarse y, algunas veces, cambiar de manera radical. Así ha sucedido con las escuelas, colegios y universidades, que se han visto forzadas a pasar de una modalidad educativa presencial a otra, completamente diferente, denominada educación a distancia o virtual. Casi, al mismo tiempo, han tenido que enfrentar las grandes exigencias en la renovación pedagógica y curricular que apuntan a elevar las competencias que deben lograr las personas en el siglo XXI.

Las causas de este fenómeno complejo y único se pueden explicar a la luz de la perspectiva de los cambios de época, la Cuarta Revolución Industrial y la pandemia. Las mutaciones sociales y económicas, en los últimos 20 años, han sido significativas. Muchos paradigmas económicos y políticos convencionales han sido sometidos a revisión y existe una tendencia hacia la creación de nuevos proyectos ideológicos. Los factores intangibles y cognoscitivos tienden a imponerse sobre los recursos materiales, dentro de las políticas económicas y de desarrollo humano de los países.

En Latinoamérica, en algunos países, los sectores populares han enfrentado en las calles las políticas neoliberales de sus Gobiernos. Aun cuando algunas naciones mostraron un crecimiento de su riqueza, persisten grandes desigualdades. Por su parte, el diálogo, los consensos democráticos, la concertación política, la participación ciudadana, la planificación estratégica, el conocimiento y las tecnologías son herramientas esenciales para lograr los cambios en esta nueva época.

En este sentido, la universidad es un factor esencial para la evolución del mundo hacia sociedades más igualitarias. La universidad funciona en un contexto que es real, dinámico e impredecible. La realidad condiciona la universidad, pero la universidad puede también cambiar ese contexto. Esta institución es uno de los motores del desarrollo económico, social y cultural de un país y, a la vez, uno de los polos de educación a lo largo de la vida de las personas. La universidad es, al mismo tiempo, depositaria, creadora y difusora de los saberes, y formadora de los talentos que contribuyen a promover cambios para edificar entornos más prósperos y equitativos.

También en este período se ha gestado la industria 4.0, que es una nueva fase de la revolución industrial, que se orienta hacia la interconectividad, la digitalización y la generación de grandes masas de datos en tiempo real. Además, emerge con mucha fuerza el internet de las cosas, las redes, la robótica, el “Big Data”, el “Blockchain”, los vehículos autosuficientes, la impresión 3-D. La integración de estas innovaciones a los procesos productivos y de negocios imponen modelos disruptivos de convivencia social.

Esta revolución incrementa geométricamente la eficiencia de las industrias, el intercambio de bienes y servicios, las transacciones bancarias, el control y la rapidez de los flujos financieros y el manejo de la economía doméstica. También está preparando los cambios para los nuevos escenarios en los que vivirá la población en el porvenir.

Estos cambios han superado todas las revoluciones industriales anteriores en amplitud, profundidad y alcance, creando transformaciones también en los modelos económicos y sociales, en el Gobierno electrónico y sus instituciones. En las universidades ha significado igualmente un cambio espectacular en la vida académica y de gestión. En la esfera académica, por ejemplo, cambiar hacia una docencia a distancia y virtual, después de haber operado históricamente de modo presencial; ejecutar los protocolos académicos como matrícula, graduaciones sustentaciones de trabajo de grado (tesis), atención a los estudiantes y profesores, los congresos y simposios científicos.

En la investigación, ha facilitado el intercambio y la orientación para crear conocimiento nuevo para aplicarlo a la solución de problemas que presenta la sociedad. También es observable en las reuniones de departamentos académicos, de facultad y de los órganos superiores de Gobierno. En la esfera de la gestión, algunos procesos se han modificado completamente, como: la adquisición de bienes y servicios, la contratación y pago del profesorado y personal administrativo, y las relaciones con el entorno universitario.

La internacionalización fue impactada positivamente en este período, mediante diversas modalidades tecnológicas para compartir saberes y reflexionar sobre el nuevo momento histórico de la humanidad. Las facilidades en las relaciones y acuerdos entre universidades a escala regional y mundial, el intercambio entre profesores y los estudiantes, también aportan nuevos resultados para las universidades.

Este nuevo paradigma universitario influyó de modo decisivo en la capacitación del profesorado, tanto en las nuevas tecnologías como en las estrategias pedagógicas y métodos didácticos, para interactuar con sus estudiantes y lograr aprendizajes de calidad. También el estudiantado, aun siendo nativo tecnológico, asumió este cambio con mayor disciplina, ampliando su conocimiento sobre el potencial de estos medios digitales en el autoaprendizaje, el trabajo en equipo, la colaboración, la búsqueda de información de modo independiente, el respeto y la solidaridad con sus pares.

La institución universitaria pudo llegar más lejos y a más personas con carencias y en condiciones de vulnerabilidad, creando nuevas oportunidades en la educación superior y un horizonte con esperanzas para personas, generalmente excluidas de este derecho.

Siempre existe el riesgo de consolidar y de hasta ensanchar la brecha en el conocimiento y en las oportunidades y, con ello, reforzar la desigualdad. Este avance espectacular en la digitalización también debe acompañarse por inversiones en conectividad, internet y herramientas tecnológicas, particularmente en las comunidades y las familias carenciadas y en condiciones de pobreza multidimensional.

Esta inversión, cuando es oportuna, transparente y eficaz, podrá revertir la situación de esos hogares en pocos años, creando capacidades humanas y talentos que puedan cambiar las personas y sus perniciosos entornos socioeconómicos. Esa es la misión de la educación: servir, y más que cualquier otro factor, transformar la vida de las personas y elevar su dignidad, el espíritu de libertad y la justicia social.

Docente
Lo Nuevo