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- 18/08/2021 00:00
Los valores de la juventud
El Ministerio de Desarrollo Social ha anunciado la reinstalación del Consejo de Políticas de Juventud, con la finalidad de desarrollar programas hacia ese sector y alcanzar a formular una ley. Es un esfuerzo que se retoma después de más de veinte años de haber sido establecido. Duró algún tiempo en esa época, dio tumbos y, poco a poco, perdió la fuerza e impulso para quedar como uno más de los proyectos sin sustento y ahogado en la burocracia.
Ahora se ha logrado una reorganización, nuevos conceptos, lineamientos y un plan de trabajo que contará con el apoyo técnico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tiene el propósito de “garantizar el ejercicio pleno de los derechos de la juventud panameña, fortalecer sus capacidades y marcar la ruta que permita atender sus necesidades y aspiraciones”.
Esta propuesta crea condiciones en un grupo que requiere estrategias para alcanzar mayores fortalezas y reducir la vulnerabilidad que se acentúa en esa porción de la población. Una muestra de esto es la estadística donde se expone que, en enero de 2021, de 45 hechos de violencia con saldos mortales, el rango de edad entre 18 y 24 fue el segmento con mayor cantidad: 16 individuos resultaron víctimas.
En el primer semestre de 2021, la distribución porcentual de sentencias en las fiscalías superiores de adolescentes a nivel nacional, por distrito judicial, según tipo de fallo, fue de un 98 % condenatorio y un 2 % absuelto. Según el Ministerio Público, la cantidad de causas egresadas de las diferentes fiscalías alcanzó 1407 casos; 495 medidas de detención; 2303 audiencias celebradas, que involucraron a individuos y 1666 denuncias.
En el primer trimestre de este año, se presentaron denuncias sobre diferentes tipos de violencia y el caso familiar ocupó el primer lugar; pero los delitos de maltrato al niño, niña o adolescentes obtuvieron el segundo lugar y de 630 ocasiones en 2020, subieron a 830 en el mismo período en 2021: lo que les hace ser sumamente frágiles en las relaciones con los otros y les convierte en objetos de estas afectaciones.
En el sector educativo se han dado cifras sobre las deserciones y se confirma que, en el último año, alcanzaron un 33 % del total. Se dice que de cada seis estudiantes que inician los estudios en secundaria, solo uno logra graduarse. Eso implica una debilidad formativa y altos índices de pérdida de oportunidades que ponen en peligro el desarrollo de la tecnología, así como una generación de repuesto para diferentes renglones del desarrollo.
Durante la amplia etapa sin iniciativas hacia esta parte de la población, se han sucedido acontecimientos que han ido sumergiendo cualquier destello de potencialidades entre quienes tienen de 15 a 30 años. Por esa razón se percibe un perfil tan desolado, que ha permitido en término de cultura la aparición de tendencias a disminuir o reducir talentos.
Igualmente, el éxito, los emprendedores y el destello se opacan, dejando lugar a circunstancias desagradables.
Cada una de las experiencias que encierra la vida de quienes están por llegar a la edad adulta, se hacen difíciles, porque no se tienen herramientas mentales o reflexivas que contribuyan a comprender los problemas, solucionarlos y encontrar los espacios por donde salir con provechos. Es allí donde deben intervenir políticas que son requeridas con urgencia.
En esta oportunidad, no se puede perder el tiempo ni hacer de este profundo objetivo un conjunto de desatinos, en trámites interminables; pues, los jóvenes perderían ocasión de alcanzar un perfil que los identifique y les haga cimentarse sobre una plataforma segura, firme, y lo suficientemente moderna, que les permita fijar sus metas en lo que ha de suceder y en el papel que jugarán aquellos que ahora están en peligro de perderse.