• 14/01/2026 00:00

Venezuela no fue liberada, solo utilizada

Si la captura de Nicolás Maduro hubiese tenido como objetivo restaurar la democracia en Venezuela, los hechos posteriores serían coherentes con ese fin. No lo son. La estructura chavista quedó intacta, sus principales operadores permanecen en el poder y no existe un calendario electoral. Maduro fue extraído selectivamente, no derrocado, lo que obliga a preguntar para qué y para quién fue la operación.

Las propias declaraciones de los actores estadounidenses refuerzan la duda. Donald Trump desestimó a María Corina Machado, el liderazgo que simboliza la ruptura democrática, mientras legitimó de facto la continuidad del aparato chavista. Marco Rubio descartó elecciones a corto plazo y defendió la selectividad de la operación. Cuando la democracia no es prioritaria en el discurso ni en la práctica, deja de ser el propósito real.

En ese marco, las revelaciones de Hugo “el Pollo” Carvajal resultan centrales. Sus declaraciones no solo describen a Venezuela como una narcodictadura, sino como un nodo de redes de corrupción y tráfico ilícito que involucran gobiernos, empresas y actores geopolíticos en América, Europa, Rusia y China. Esa información reconfigura el valor de Maduro: deja de ser solo un tirano y pasa a ser un activo de inteligencia.

El precedente Odebrecht es ilustrativo. Desde tribunales de Nueva York, confesiones incentivadas detonaron un terremoto político continental. Maduro enfrenta su proceso en la misma jurisdicción. La coincidencia no es menor. Un acusado vivo, aislado y bajo amenaza judicial produce más poder que un régimen colapsado sin datos.

La pregunta final es sencilla: ¿a quién benefició la operación? No al pueblo venezolano, aún sin soberanía ni elecciones. El beneficio reside en el control de información, en la capacidad de presionar, disciplinar y reordenar intereses. Venezuela no fue liberada. Fue integrada, una vez más, a un tablero geopolítico que la utiliza mientras invoca, cínicamente, la democracia.

Lo Nuevo