• 06/12/2008 01:00

Panamá la verde

Esta exclamación de “Panamá la verde”, tan espontánea y tan cargada de asombro y de admiración, la hizo el novelista español Vicente Bla...

Esta exclamación de “Panamá la verde”, tan espontánea y tan cargada de asombro y de admiración, la hizo el novelista español Vicente Blasco Ibáñez, natural del país valenciano, a su paso por Panamá en la década de los años veinte del pasado siglo XX. Con anterioridad los primeros exploradores del istmo se habían referido al verdor de Veraguas, cuyo matiz les llamó poderosamente la atención. Todavía para esa época, nuestro territorio se caracterizaba por un abundante y frondosa vegetación que se distribuía en verdes y copiosos bosques, en amplias y ricas llanuras que eran la delicia de los nacionales panameños que había tenido la fortuna de haber nacido aquí, y de este modo poder disfrutar de la generosidad de la Providencia, así como este regalo que le prodigaba la madre Naturaleza.

Pero, la maldad humana parece llevar la delantera en cuanto a ejecutar sus torvos y groseros designios, se han instalado y atrincherado en nuestro país fuerzas y grupos muy poderosos dispuestos a todo, incluso a ir contra la salud y hasta la vida de los habitantes de Panamá, o si no, a sacar el máximo beneficio y el mayor provecho mediante la explotación más irracional de estas tierras con sus grandes riquezas minerales, de sus bosques y de sus praderas, arrasando con sus mejores y más productivos bosques, envenenando las aguas de ríos, quebradas, lagos y arroyuelos, todo esto en función de un supuesto progreso y que en el fondo implica el desalojo obligatorio de cientos de familias campesinas, y todo ello sin los más elementales escrúpulos morales. Aquí se cumple aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Es éste un asunto de no poca monta, merece ser bien pensado y bien meditado. No es responsabilidad sólo del grupo gobernante y cuyas funciones en este problema es francamente desolador y con una gran carga de manifiesta irresponsabilidad que raya en el delito; es una cuestión que a todos los nacionales panameños les corresponde considerar con mucha seriedad, sobre todo, porque va en ellos el destino y el porvenir de nuestra propia y vial existencia. Con sólo considerar que grupos y corporaciones transnacionales — que ningún afecto le tienen a nuestra nación —, están erosionando ya vastas extensiones territoriales panameñas con sus criminales proyectos “a cielo abierto “, con los embalses y represas, sin haber tomado en cuenta factores de primera línea, como los estudios científicos sobre el impacto ambiental. Pero se requiere que estos estudios cumplan objetivamente con las mínimas y más elementales indicaciones y exigencias. El progreso debe ser entendido e interpretado desde un estricto punto de vista humanista.

De todas estas consideraciones podemos derivar algunas conclusiones: las transnacionales, operando sin Dios y sin Ley, son una amenaza causando daños ecológicos irreversibles; estos daños ecológicos significan escasez de agua potable, envenenamiento de ríos, quebradas y lagos, amén que la desaparición de cientos de especies vegetales y de animales. Asimismo, cuando hablamos aquí de los “daños irreversibles” nos estamos refiriendo a que los territorios que son hoy despojados de su verdor, aguas, minas y gentes, esas no volverán. ¿Qué dirían los primeros españoles que llegaron al istmo, admiradores del verdor veragüense, y Vicente Blasco Ibáñez, ante el tétrico espectáculo de ese Panamá la verde que él tanto embelesó?

-El autor es educador.rogelio1944@hotmail.com

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