• 07/08/2015 02:01

¡Vienen los robots!

Debemos ver a los robots inteligentes como una extensión de sus contrapartes humanas

En diez a veinte años muchas personas serán desplazadas de su puesto por robots y esto preocupa a muchos. Y sí, preocupa, pero más que nada si intentamos analizarlo desde una realidad pasada y no la del futuro.

Es entendible y normal ver el mundo desde nuestra experiencia pasada; pero como diría Khalil Gibran, ‘... la vida no anda en reversa ni se entretiene en el ayer'. En tal sentido, para juzgar lo bueno o malo de lo que se viene, debemos proyectarnos al mañana con sus realidades; y alguna de las realidades que se vienen son las de la inteligencia artificial, la cual se están analizando a través de la neurociencia y la sicología, entre otras. Y algunas de las preguntas que surgen son cosas como: ‘¿Podrán las máquinas tomar mejores decisiones que los humanos?'. El problema es que la misma pregunta está amañada, pues no serán ‘los robots' quienes tomen las decisiones, ‘per sé', sino quienes los programen.

Pero quizá la mejor respuesta con la cual me he topado es que no se trata de una competencia entre máquinas y humanos, sino de una integración estratégica. Es análogo a plantear que el cuchillo o la computadora no nos limitan, sino que nos potencian. Sin embargo, cuando surgen los típicos debates del tema no faltan quienes predicen que nuestro robot cocinero, al ver que falta carne en el refrigerador, freirá el gato de casa.

Si juzgamos estas cosas a partir de la realidad humana que hemos podido descifrar y del grado de avance de la robótica y lo que llamamos ‘inteligencia artificial', veremos que los robots pueden hacer bien cosas muy complejas, tales como jugar ajedrez, pero no son muy buenos en darse cuenta cuando una chica coquetea con un chico y tal; fenómeno conocido como ‘la paradoja de Moravec', surgida de estudios que determinaron que el conocimiento humano, que ha sido producto evolutivo cerebral de millones de años, es muy difícil de imitar o quizá imposible; y eso sin entrar en el mundo de la moralidad. Pero por el momento lo que llamaríamos moralidad robótica no hace más que una mímica de la moralidad de su programador; y es ‘difícil' que en eso le ganemos al Creador. Más aún cuando muchas decisiones humanas no emergen desde el cerebro, sino del intestino.

Entonces, y en el sentido ya expuesto, debemos ver a los robots inteligentes como una extensión de sus contrapartes humanas, que nos permitirán ir mucho más allá. Si algo he aprendido de mis interacciones con las computadoras es precisamente eso; que labores que antes consumían mucho esfuerzo y tiempo, ahora son fáciles; algo así como las garrochas que nos permiten salvar obstáculos muy altos.

Pero más allá debemos ver que, mucho antes de entender las máquinas inteligentes, debemos primero entendernos a nosotros mismos en la espiritualidad, la conciencia y los caminos a una auténtica felicidad de ‘bienandar'. En este sentido veríamos que mucha de la pobreza actual emana no desde las limitantes del mundo, sino de las que nosotros mismos hemos creado y practicado por tanto tiempo que ni las reconocemos ni entendemos.

Comentó un amigo algo que yo a menudo sostengo, y es que en Panamá la trampa está fraguada en la misma ley; lo cual Frédéric Bastiat llamaba ‘la prostitución de la ley'. Y el gran reto que tenemos por delante es darnos cuenta de las puertas que se nos están abriendo a través de la tecnología, incluyendo la educativa; pero que, si nos plantamos como el burro retacado, nos perderemos la única oportunidad de resolver nuestros problemas de pobreza.

EMPRESARIO

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... debemos ver que, mucho antes de entender las máquinas inteligentes, debemos... entendernos a nosotros mismos en la espiritualidad, la conciencia y los caminos a una auténtica felicidad de ‘bienandar'

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