• 15/10/2026 00:00

Yo cuido la naturaleza de mi país

El 8 de septiembre del presente año se llevó a cabo el Concurso Nacional del Monólogo en el Teatro Gladys Vidal de la Alcaldía de Panamá en donde participaron estudiantes de diferentes regiones escolares del país. Dicha actividad escolar se convirtió en mucho más que un concurso en donde los estudiantes demostraron sus diferentes habilidades en el escenario: fue un espacio de reflexión, denuncia y propuesta. Cada estudiante, desde su propia experiencia y realidad, encontró una manera particular de hablar sobre la naturaleza y sus problemas. Por la importancia del tema que desarrollaron, me permito escribir el presente artículo.

Para este año el tema fue: “Yo cuido la naturaleza de mi país”. Este tema debería convertirse en una declaración de principios y en un compromiso nacional por Panamá ya que nuestro país posee una extraordinaria riqueza natural, pero paradójicamente somos nosotros mismos, los seres humanos, quienes muchas veces contribuimos a destruirla. Nuestros bosques, ríos, mares, playas, manglares, montañas e islas constituyen una herencia que hemos recibido de generaciones anteriores. Sin embargo, la irresponsabilidad, la falta de conciencia y algunas prácticas inadecuadas están poniendo en riesgo ese patrimonio. Frente a esta realidad, resulta alentador escuchar a los estudiantes levantar su voz y plantear que todavía estamos a tiempo de cambiar nuestra relación con la naturaleza.

Lo más significativo fue descubrir que los jóvenes no solamente identificaron los problemas ambientales, sino que también ofrecieron ideas para enfrentarlos. Algunos enfocaron sus intervenciones en la contaminación; otros en la deforestación, el desperdicio de los recursos naturales, la acumulación de basura, la protección de los animales o la necesidad de crear una mayor conciencia ambiental. Esto demuestra que nuestros estudiantes no son simples receptores de conocimientos. Son ciudadanos que observan lo que ocurre a su alrededor, reflexionan y tienen capacidad para proponer soluciones. La protección de la naturaleza comienza con acciones sencillas: no arrojar basura, reducir el desperdicio, cuidar el agua, proteger los árboles, respetar los animales y mantener limpios nuestros espacios. El problema es que muchas veces conocemos estas recomendaciones, pero no siempre las practicamos.

Cuando un estudiante sube a un escenario para hablar de la naturaleza, está haciendo mucho más que interpretar un personaje. Está llevando ante el público una preocupación que pertenece a toda la sociedad.

La fuerza del monólogo está precisamente en la palabra. Una sola persona frente a un público puede transmitir una idea capaz de provocar preguntas como: ¿Qué estamos haciendo con nuestros ríos? ¿Por qué seguimos contaminando nuestras playas? ¿Cuántos árboles estamos perdiendo? ¿Qué mundo estamos construyendo para las próximas generaciones?

Dentro de esta diversidad de participantes, la presencia del estudiante representante de Guna Yala resultó interesante. Su participación permitió incorporar al debate nacional una mirada vinculada con un territorio donde la relación entre naturaleza, cultura y comunidad posee una dimensión muy particular. Hablar desde Guna Yala significa hablar desde un territorio donde el mar, las islas, los bosques y otros elementos de la naturaleza forman parte de la vida cotidiana y de la identidad de las comunidades. Por ello, la defensa de la naturaleza puede entenderse también como una defensa del territorio, de la cultura y de los conocimientos que han sido transmitidos de generación en generación. La participación del representante de Guna Yala permitió mostrar que Panamá no tiene una sola manera de comprender la naturaleza. Existen diferentes experiencias y conocimientos según la región, la comunidad y la cultura.

Escuchar la voz de los pueblos originarios dentro de estos espacios educativos es fundamental. Sus conocimientos ancestrales pueden contribuir a enriquecer la educación ambiental y a promover una relación más respetuosa entre las personas y el entorno.

El gran desafío ahora consiste en que estos mensajes no se queden en el escenario. La educación panameña tiene una enorme responsabilidad. No basta con enseñar a los estudiantes qué es un ecosistema, qué significa la contaminación o cuáles son las consecuencias de la deforestación. También debemos enseñarles a actuar.

Una verdadera educación ambiental debe conducir a la práctica. Las escuelas pueden convertirse en centros de transformación mediante proyectos de reciclaje, reforestación, limpieza de playas y ríos, protección de áreas verdes y campañas de sensibilización comunitaria.

Los estudiantes que participaron en el concurso demostraron que tienen creatividad y capacidad para comunicar estos problemas. Corresponde ahora a los adultos escuchar esas voces y convertir sus propuestas en acciones. Resulta contradictorio pedirles a los jóvenes que cuiden el planeta mientras los adultos continuamos dando malos ejemplos.

La naturaleza no nos pertenece exclusivamente. Somos parte de ella y tenemos la responsabilidad de entregarla a las futuras generaciones en condiciones dignas. Cada árbol que se destruye, cada río que se contamina y cada espacio natural que desaparece representa una pérdida que no siempre puede recuperarse.

Por eso, el mensaje “Yo cuido la naturaleza de mi país Panamá” debería comenzar con una pregunta personal: ¿qué estoy haciendo yo para cuidarla? No podemos responsabilizar únicamente a los demás. El cuidado ambiental comienza en nuestras propias decisiones.

El verdadero éxito del concurso no será únicamente premiar al mejor monólogo. Será lograr que, después de escuchar esas voces, cada estudiante, cada docente, cada familia y cada ciudadano pueda decir con sinceridad: Yo cuido la naturaleza de mi país Panamá, porque cuidar Panamá es cuidar nuestro presente y el futuro de los que vendrán.

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