• 26/10/2026 00:00
Entrelíneas

La ciencia antes de la emergencia

El terremoto del 9 de octubre dejó viviendas dañadas y familias que todavía intentan recuperar su vida. También obligó a formular una pregunta que va mucho más allá de Azuero: ¿cuánto conocemos del territorio que habitamos? Allí, donde la crisis del agua ya afectaba a comunidades y productores, el sismo abrió nuevas dudas sobre las fuentes hídricas y las condiciones del suelo. Responderlas requiere algo más que inspecciones y reparaciones. Los movimientos sísmicos pueden alterar manantiales y corrientes subterráneas, pero determinar qué cambió exige estudios, mediciones y seguimiento. Lo mismo ocurre con las sequías, la contaminación de los ríos o las obras que se levantan sin comprender suficientemente su entorno. Investigar cuesta; desconocer suele costar bastante más. Panamá tiene investigadores, universidades y proyectos capaces de ofrecer respuestas. Hace falta escucharlos antes de tomar decisiones, sostener sus trabajos con recursos y convertir sus hallazgos en políticas públicas. No podemos permitir que cada emergencia inaugure un diagnóstico y que, una vez pasada la urgencia, sus conclusiones terminen olvidadas. El Estado debe conducir ese esfuerzo, con el respaldo de la academia y la empresa privada. La adaptación al cambio climático, la protección del agua y la preparación frente a desastres no pertenecen a agendas separadas, y ninguna se resuelve con respuestas improvisadas. Son asuntos que comprometen nuestra manera de construir, producir y vivir. Y también reclaman ciudadanos informados, capaces de exigir planificación y resultados. Panamá necesita dejar de esperar a que ocurra otra desgracia para darle a la ciencia el lugar que merece.

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