Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
En Davos, donde el mundo empresarial suele hablar con seguridad sobre el futuro, esta vez se coló una preocupación distinta: la inteligencia artificial está avanzando más rápido que las reglas para controlarla. Y eso no es un detalle técnico. Es una advertencia sobre la humanidad. La encuesta anual de PwC y el informe del Foro Económico Mundial reflejan un mismo mensaje: hay un entusiasmo desbordado, incluso con señales de burbuja especulativa, pero también un miedo creciente a los daños reales. El riesgo ya no está en un puesto bajo de las preocupaciones globales: se ha disparado hasta ubicarse entre los primeros, con el aumento más dramático registrado en la historia del informe. No es ciencia ficción. Es un problema inmediato y medible. La amenaza más grave es clara: la IA se está adoptando a toda velocidad, pero sin salvaguardas. Empresas la implementan sin controles sólidos, sin personal capacitado y sin sistemas de seguridad proporcionales a su poder. Es como abrirle la puerta a una tecnología capaz de transformar —o desestabilizar— sociedades enteras, sin una cerradura. El impacto ya se perfila: cambios bruscos en el mercado laboral, manipulación masiva de información, ciberataques más sofisticados y riesgos militares por defensas automatizadas. No por gusto el 94 % de los encuestados cree que la ciberseguridad en 2026 estará marcada por el ascenso de la IA. Davos lo dijo con claridad: el problema no es crear inteligencia, sino usarla sin responsabilidad. Y esa decisión no es solo empresarial: es humana.