Por segunda vez la Contraloría interrumpe la diligencia del Ministerio Público por la investigación contra el expresidente Carrizo. Era una entrevista...
Panamá enfrenta una decisión ineludible. El debate sobre la minería, prolongado por años, ha estado rodeado de dudas y postergaciones que hoy exigen una definición clara. A medida que avanza la auditoría del Ministerio de Ambiente, crece también la expectativa ciudadana por conocer el rumbo que tomará el país frente a un tema tan sensible. No se trata de apresurar conclusiones, sino de evitar que la incertidumbre siga marcando la discusión. La opinión pública es un elemento que no puede quedar al margen. Según la última Encuesta VEA Panamá, la verdad en cifras de La Estrella de Panamá, gran parte de los panameños rechaza la reapertura de la mina, un dato que subraya la necesidad de que cualquier decisión sea informada, participativa y representativa. Si el país opta por incorporar la minería como parte de su modelo de desarrollo, deberá hacerlo sobre la base de consensos amplios y bajo estándares rigurosos de sostenibilidad. La experiencia reciente dejó lecciones importantes. La minería no es una actividad que pueda manejarse con ligereza: implica impactos económicos, ambientales y sociales que requieren planificación, transparencia y una comunicación clara. En ese sentido, más que centrarse en errores pasados, el desafío actual es construir confianza a partir de reglas claras y procesos abiertos. Es innegable que la minería puede ofrecer oportunidades económicas relevantes, especialmente en un contexto donde el país necesita generar empleo y fortalecer sus finanzas. Sin embargo, esos beneficios deben ser comprendidos y compartidos de forma equitativa para evitar tensiones innecesarias. El momento de decidir ha llegado. Panamá necesita una respuesta clara, fruto del diálogo y la responsabilidad colectiva. Todos queremos que la rueda de la economía gire de una vez por todas.