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Guatemala, Honduras y El Salvador usan datos históricos del clima para definir siembras y reducir pérdidas en el Corredor Seco
- 23/04/2026 00:00
El cambio climático ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en un desafío diario para más de 12 millones de personas en Centroamérica cuyas vidas dependen de la tierra.
Ante este escenario, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto con los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador, realizan el taller de cierre del proyecto “Innovación para la reducción de riesgos agroambientales en países del Corredor Seco Centroamericano-Zonificación Agrícola para el Riesgo Climático (ZARC) y gestión de recursos hídricos”.
El mecanismo de precisión científica, presentado el 21 y 22 de abril en la ciudad de Guatemala, ha trabajado durante tres años en territorios altamente vulnerables de los países piloto para identificar ventanas de siembra seguras, orientar políticas de financiamiento rural y, sobre todo, devolverle la certidumbre al agricultor familiar.
El impacto de la ZARC radica en su capacidad de análisis. La herramienta procesa información histórica de más de 11 años (2013-2024), cruzando variables de precipitación, temperatura y tipos de suelo para definir qué cultivar y cuándo hacerlo.
Julián Carrazón, oficial de Agricultura de la FAO, explicó que el objetivo es replicar la exitosa experiencia brasileña de las últimas tres décadas. “Las pérdidas agrícolas siempre van a existir, es parte de la agricultura, pero la idea es disminuirlas de tal manera que exista una probabilidad superior al 80% de tener éxito en las sucesivas campañas agrícolas”, señaló.
Por su parte, Rafael López, director de Información Geográfica, Estratégica y Gestión de Riesgos (Digegr) del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) de Guatemala, destacó el cambio de paradigma. “Hoy contamos con herramientas que permiten anticiparnos, planificar mejor y reducir riesgos para nuestros productores. Pasamos de reaccionar ante las crisis, a prepararnos para evitarlas, tomando decisiones basadas en evidencia científica y conocimiento del territorio”, subrayó.
En el Corredor Seco guatemalteco —específicamente en Chiquimula, Quiché y Zacapa— el análisis de datos agroclimáticos reveló una realidad crítica: la canícula se ha extendido de 15 días a tres o cuatro semanas. Ante esto, la ZARC determinó un ajuste estratégico: mover las fechas de siembra de mayo a junio.
Este cambio permite reducir las pérdidas por variabilidad climática y mejorar el rendimiento del maíz y el frijol, cultivos de secano que son el sustento de la pequeña agricultura. “Es una incertidumbre no tener precipitación y eso afecta de manera más importante al cultivo de secano... maíz y frijol, que son los cultivos principales de la pequeña agricultura en la región”, comentó Carrazón.
La implementación de la ZARC, con la cooperación de la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC) y la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), no solo busca mejorar la cosecha, sino también abrir puertas bancarias. Mariana Falcao Dias, de la ABC, indicó que con esta herramienta “es posible que los productores puedan accesar a créditos rurales y a políticas públicas de financiamiento de la agricultura”, ya que el riesgo climático ahora es medible y gestionable.
El proyecto no se limita al software. En las 45 parcelas productivas evaluadas en Guatemala, la ZARC se complementó con:
José Walter Torres, coordinador superior de la FAO para la subregión, subrayó la urgencia de estas medidas para los millones de afectados por sequías agrícolas y meteorológicas. “Nosotros tenemos un gran territorio de más de 12 millones de personas afectadas directamente solo en agricultura con bajas producciones debido al fenómeno climático”, señaló.
Con el cierre de este taller regional en la Ciudad de Guatemala, la ZARC se consolida no solo como una plataforma digital, sino como el nuevo norte de las políticas públicas para el Corredor Seco.
“Guatemala enfrenta desafíos reales, pero también tiene la capacidad de transformarse. El campo guatemalteco no es sinónimo de vulnerabilidad, es sinónimo de potencial”, concluyó López.