El fenómeno de El Niño, especialmente agudo este año, está disparando los termómetros en el Caribe colombiano, con temperaturas récord de hasta 40 grados...
Hoy, en el Día Mundial del Turismo, Panamá no necesita descubrirse ante el espejo. Ya sabemos lo que somos. Sabemos que el país sorprende al que llega por primera vez; que hay un instante, casi inmediato, en el que el visitante entiende que vino a un lugar más amplio, más intenso y más singular de lo que imaginaba. La ciudad, el mar, la selva, las montañas, la mezcla de acentos, la mesa y la historia aparecen sin pedir permiso. El reto es otro: hacer que esa impresión no dependa del azar. La Marca País no puede ser solo un logo bien colocado ni una frase de campaña. Tiene que ser una conducta pública, una estrategia sostenida y una forma de presentarnos ante el mundo con más fuerza. Panamá debe estar mejor contada, mejor vendida y mejor defendida en aeropuertos, ferias, rutas aéreas, embajadas, congresos, plataformas digitales y alianzas regionales. Pero ninguna marca sobrevive si la experiencia la contradice. La atención al turista debe ser de primera desde Tocumen hasta la última provincia: información clara, transporte ordenado, seguridad visible, servicios limpios, guías preparados, señalización útil y un trato que haga sentir al visitante esperado, no tolerado. También hay que mirar la reputación. Panamá tiene con qué competir, pero debe cuidar lo que proyecta. La seguridad, la confianza y el servicio pesan tanto como una playa o una postal. Programas como Stopover ayudan, pero no bastan. La tarea es mayor: que cada turista se vaya con ganas de contar Panamá y, sobre todo, de volver.