La guerra, la culpa y la muerte atraviesan esta conversación con Héctor Abad Faciolince. El escritor colombiano recuerda el ataque del que sobrevivió en...
- 25/05/2026 00:00
En apenas un mes, la deuda pública aumentó en 1,888 millones de dólares, para totalizar 61,896 millones a abril de 2026, un salto atípico según expertos que deja una pregunta central: ¿cómo están realmente las finanzas del Estado cuando no se cuenta con liquidez suficiente? El informe del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) confirma un crecimiento de 3.1% respecto a marzo, pero no explica con claridad las causas del incremento ni ofrece respuestas del ministro de Economía. Hoy, el país ya vive las consecuencias de decisiones fiscales tomadas hace décadas, del mismo modo que las generaciones futuras sufrirán el peso del endeudamiento que se asuma hoy. Por responsabilidad con esas generaciones, la transparencia en el manejo de la deuda no es opcional, es una obligación. Panamá no puede seguir endeudándose para resolver problemas políticos o de popularidad de los gobiernos de turno. Las explicaciones técnicas apuntan a una mezcla de déficit fiscal, refinanciamiento y pagos de compromisos previos, lo que revela una economía que gasta más de lo que ingresa. En ese escenario, la falta de información clara y oportuna es un golpe a la ya débil confianza ciudadana en las autoridades. El Gobierno debe ser coherente con su discurso de responsabilidad fiscal. No basta con cumplir metas contables o legales si en la práctica se sigue alimentando una dinámica de endeudamiento creciente sin transparencia alguna. La deuda no puede convertirse en un mecanismo para postergar ajustes estructurales ni en una herramienta para maquillar desequilibrios fiscales; la opacidad con la que se han manejado las finanzas públicas solo facilitará que el presente esté hipotecado y termine convirtiéndose en una carga que lamentaremos en el futuro.