Los Jóvenes Unidos por la Educación pidieron a los candidatos presidenciales un alto a los diálogos en el sector educativo, y en su lugar exigieron ejecutar los planes y proyectos aprobados y consensuados en anteriores administraciones, por parte de los diversos actores del sistema educativo. La exigencia se dio durante la presentación a los presidenciables de las 24 propuestas para el 24; un paquete de recomendaciones educativas para el futuro de Panamá que busca mejorar la calidad y equidad en los aprendizajes, y hasta contemplan un rediseño en la carrera de formación de maestros y profesores. Además, incluye un aumento en las horas y la cantidad de días de clases. Durante el último año, los jóvenes han decidido salir de la queja en redes sociales, para organizarse y salir a las calles a plantear sus inconformidades, pero también se han reunido para hacer propuestas que mejoren el país. Así, han comenzado a dibujar la ruta por la cual se construirá el futuro del país. No se trata de un grupo aislado, es más que eso. Según los resultados del estudio ‘Los Millennials de Panamá: sentido de pertenencia e identidad nacional en una sociedad globalizada’, elaborado por el Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá, tenemos una juventud sintonizada con el ambiente, su familia, el altruismo e incluso dispuesta a pagar más impuestos para ayudar a los necesitados. Sin duda, están preocupados por el desempleo, la corrupción y el alto costo de la vida, buscan un futuro más verde, mayores oportunidades de empleo, aman a su país, y son intolerantes ante la corrupción que, por muchos años, ha imperado en los gobiernos. Entienden que para lograr una mejora es necesario hacer un cambio significativo en la educación. Es necesario escucharles, evaluar y ejecutar sus planteamientos. Ojo a la juventud.

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