Con la elección de un nuevo presidente de la República, llega también una primera dama (“primadonna”). Tradicionalmente, a pesar de no tener legalmente estatus, funciones y sueldo, la primera dama es la que asiste y se encarga de llevar la agenda social del Gobierno. Un somero ejercicio histórico revela que fue Cecilia Pinel de Remón, la primera que rompió el molde de los cocteles y agasajos para encargarse de los programas de ayudas comunitarias de su esposo. Posteriormente, Cecilia Orillac de Chiari fue ampliamente reconocida por su activa y destacada labor al servicio social. Con el correr de los años, las primeras damas fueron adquiriendo roles más protagónicos y hoy gozan de privilegios, tienen oficinas, manejan personal, gestionan iniciativas, recaudan fondos y realizan actividades sociales, culturales y oficiales. Por eso, es oportuno recomendar a nuestra próxima primera dama, Maricel Cohen de Mulino, que arranque con pie firme y lleve a cabo una agenda social enfocada en beneficiar al país, velar por la inclusión y servir a la comunidad. En Panamá es fácil recordar a Dorita Boyd de Pérez Balladares porque dejó un museo para niños. En los Estados Unidos hubo primeras damas como Nancy Reagan con su plan contra las drogas “Just Say No”, Laura Bush con su programa de educación “No Child Left Behind” y Michelle Obama con la campaña de salud “Let’s Move” que trabajaron usando una estrategia y dejaron sus huellas estampadas en el “top of mind” de la gente. En Panamá esperamos no menos que eso.

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