22 de Feb de 2020

Avatar del Rafael Carles

Rafael Carles

Lector Opina

Periodismo de espías

Mutación del periodismo investigativo

Con el fin de la Guerra Fría y el nacimiento del mundo unipolar, el clásico perfil del espía entró en crisis. En paralelo con el reordenamiento de las cartografías entre el Este y el Oeste, con el fin de las disputas entre el llamado socialismo real y capitalismo, y con la pérdida de las utopías políticas, espías y espiados se desvanecieron y cambiaron de forma. Ya no hay que cazar un submarino que con una carga nuclear puede hacer volar un continente. El mundo encontró ahora al periodista investigador, ese nuevo agente secreto que abre a la comunidad un baúl de información oculta, pero que lastimosamente lo hace muchas veces en reemplazo de la razón y sin dar cuenta de principios fundamentales de imparcialidad y transparencia.

Igualmente, en este nuevo orden mundial se destaca un campo de batalla de antagonismos y proezas, donde los nombres y los rostros del ‘enemigo ' han creado un universo de guerras ‘invisibles ', que no reconoce bandos y da paso al silencioso mundo cibernético rastreado por hackers donde hay escaso olor a pólvora.

Como consecuencia de esta transformación, surge la infame producción periodística de Los Papeles de Panamá, una recopilación originada por la filtración y el tráfico de datos adquiridos por hackers criminales que violan la privacidad de instituciones y particulares. Los periodistas que espiaron entregaron al mundo información mal intencionada y con tufo a conspiración, lo que demuestra el deseo de intereses de algunos países de recuperar el poder hegemónico vía el desmoronamiento de otros más pequeños y revelando así el fantasmagórico umbral de esta nueva época.

Esta mutación del género de periodismo investigativo no oculta su tendencia de dañar la reputación no solo de firmas de abogados sino de plataformas enteras de sistemas financieros que ofrecen desde hace muchos años servicios internacionales de forma transparente. Con lo cual queda en evidencia, al mejor estilo de las novelas de servicios secretos y sucesos resonantes de espías, que esta recopilación rompe el molde tradicional de consecución de información y presunción de inocencia, y lo sustituye por otro mucho más macabro.

Las torturas mentales de la CIA, el espía maniático del Mossad, los allanamientos sin contemplaciones del FBI, la apasionante conexión china con el terrorismo internacional, las guerras secretas de la KGB, los hombres de la Casa Blanca y cientos de aportes periodísticos a la investigación de temas políticos, bélicos y corporativos, se quedan cortos frente a la publicación infame de miles y miles de archivos que desacreditan injustamente el nombre de Panamá.

En la época de la Guerra Fría, la tarea de configurar la temática del espionaje era una tarea ardua. Allí dominaba el guión de un espía occidental luchando contra las fuerzas de comunismo. Igualmente, afloraba un escepticismo descarnado frente a un mundo desintegrado en violencias y desigualdades sociales. Y desde ese escenario, con una mirada sarcástica y una implacable denuncia política, se alcanza a denunciar a los Gobiernos de Nixon, Bush y Blair, por el escándalo de Watergate, la guerra de Irak y a las corporaciones internacionales. Pero la divulgación de Los Papeles de Panamá inicia una nueva faceta periodística, donde el discurso y la narrativa mudan al espía al reducto de la investigación corporativa al utilizar medios cibernéticos ilegales, peor y más sombríos que los mismos hechos que tratan de denunciar.

Lo que ahora asoma es lo que muchos temíamos: horizontes inciertos para un mundo donde nadie confía de nada. Solo falta que nos den un ‘periodicazo ', ¡y boom ! Afloran nuevas guerras de conquista y poder, reina la traición y la mentira, con gobernantes dándose la mano un día y tirándose puñaladas el siguiente. Por eso, es oportuno que en Panamá surja una causa nacionalista como respuesta política y ciudadana a este mundo cruel donde crece inexorable y traumáticamente la mezcla de espías, periodistas y terroristas. El tradicionalismo periodístico y el fundamentalismo político chocan con el telón de fondo de la comunicación global, caracterizada por utilizar fuentes que trabajan en el anonimato y se refuerzan en lo viral, alimentando así los afanes imperialistas de quienes pagan una vil moneda.

Se acercan tiempos difíciles y momentos críticos para todo el mundo. No obstante, esperamos que la gente repudie el periodismo de espionaje y la narrativa de conspiración. A todas luces, estas publicaciones contra el nombre y la imagen de Panamá se enfrentarán, como siempre hemos hecho cuando las fuerzas del mal tocan nuestra dignidad: sembrando una sola bandera, la tricolor.

EMPRESARIO Y PERIODISTA.