• 30/08/2015 02:00

Tengo un sueño... que un día tendremos salud para todos

En materia de salud pública, Panamá tiene grandes retos por delante

En materia de salud pública, Panamá tiene grandes retos por delante. Por un lado, las enfermedades no transmisibles (ENTs) como el cáncer, la diabetes y los padecimientos cardiovasculares y pulmonares provocan el mayor número de muertes en el país. Y por el otro estas ENTs cuestan al país cientos de millones de dólares en pérdidas de productividad y eficiencia económica al incidir principalmente en la población adulta que está en pleno ejercicio de sus facultades laborales.

La obesidad, el sobrepeso, la hipertensión arterial y el colesterol elevado, además de la inactividad física, el consumo de tabaco y la ingesta excesiva del alcohol explican el porqué nuestra población está enferma. Para atender esta necesidad, las autoridades debieran tomar decisiones concretas para alentar la adopción de hábitos saludables de consumo y proponer la creación de una estrategia que prevenga y reduzca los factores de riesgo.

Ambos de mis padres murieron de cáncer. Debido a los tratamientos de extirpación y radiación, se les afectaron sus defensas, desmejoraron su calidad de vida y eventualmente la enfermedad acabó de apagarlos.

Me identifico plenamente con el dolor de las personas enfermas y con el sufrimiento de sus familiares, y por eso desde hace diez años me dedico a ayudar a los enfermos y dotarlos de alternativas para su recuperación. Pero el esfuerzo de unos pocos no es suficiente ante los billones de dólares que otros gastan en mercadeo y publicidad para comercializar sus alimentos procesados.

Por eso tengo el sueño de que algún día todo esto cambiará y habrá salud para todos. Un sueño que las autoridades diseñarán una visión para combatir la obesidad e impedir la venta descomunal de comida chatarra en el país. Un sueño que los gobernantes tendrán la voluntad política para ejecutar un plan estratégico de salud integral. Un sueño que siete tácticas básicas pueden cambiar la salud de cuatro millones de panameños.

Lo primero es la creación de incentivos para el desarrollo de empresas dedicadas a la fabricación y distribución de productos saludables. Esto incluye beneficios fiscales, rebaja en los costos del trámite de certificados de salud y registros sanitarios, rebaja en tasa de impuestos municipales, y excepciones en pago del impuesto sobre la renta. Es decir, una empresa que fabrica alimentos saludables no debiera recibir el mismo tratamiento que otra que fabrica sodas o salchichas.

Segundo es la creación de normas sanitarias que limiten la ingesta de azúcares libres. El azúcar es enemiga natural del ser humano y, como tal, debe ser tratada como producto dañino. La venta una lata de soda —que contiene 18 gramos de azúcar y otro tanto de sirope de fructosa— no debe pasar inadvertida por las autoridades sanitarias del país.

Tercero es la creación de nuevos mercados libres que fomenten el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales en el país. La idea es que con la participación de nutricionistas se promueva el consumo de frutas de temporada y se invite al consumo de variedades más nutritivas de arroz, cereales fortificados, harinas integrales y productos orgánicos.

Cuarto es la prohibición de toda publicidad que promueve de manera agresiva y tendenciosa el consumo de alimentos chatarras. Esto incluye además la prohibición de sodas, bebidas azucaradas y comidas chatarra en escuelas, centros de diversión y lugares públicos donde se practiquen deportes.

Quinto es la creación de normas que obligue a todo establecimiento de expendio de alimentos a informar en sus menús el contenido calórico de sus productos. La información sobre el número de calorías tiene un alto impacto al momento de ordenar comida.

Sexto es la evaluación del programa escolar del tercio de leche y galleta de avena, y su substitución por uno más saludable e integral, que incluya la ingesta de frutas y jugos naturales.

Séptimo y último es la creación de un impuesto, similar al del tabaco y el alcohol, para la venta de todos los alimentos que causan obesidad, como son las sodas, bebidas azucaradas y comida chatarra. El dinero recaudado sería utilizado para educar a la población y promover buenos hábitos de alimentación.

La verdad es que, si no hacemos un mayor esfuerzo y la población no despierta ante esta crisis, Panamá seguirá de líder en obesidad, diabetes, hipertensión y cáncer, y tristemente corremos el riesgo de que esta generación sea la primera en mucho tiempo en la que su expectativa de vida es menor que la de sus antecesores.

EMPRESARIO

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