Rachel Peterson: ‘La innovación es la manera de proteger la tradición’

  • 26/05/2026 00:00
La copropietaria de Hacienda La Esmeralda, reconocida por Forbes como las 50 mujeres más poderosas de Centroamérica, habla con ‘MÍA: Voces Activas’ sobre liderazgo, innovación y el impacto del café Geisha panameño en el mundo

Rachel Peterson, copropietaria de Hacienda La Esmeralda, es una de las mujeres panameñas más influyentes en la industria cafetalera internacional y fue reconocida por Forbes entre las 50 mujeres más poderosas de Centroamérica en 2026. Desde Boquete, Chiriquí, ha liderado el posicionamiento del café Geisha panameño como uno de los productos más exclusivos y prestigiosos del mundo, llevando el nombre de Panamá a escenarios globales de lujo, sostenibilidad y excelencia.

Con más de dos décadas dedicada al café de especialidad, Peterson ha sido clave en transformar un producto agrícola en una experiencia de alto valor en el mercado internacional. Su visión estratégica, autenticidad y compromiso con la calidad han convertido a Hacienda La Esmeralda en un referente mundial dentro de la industria.

¿Hacienda La Esmeralda ha logrado posicionar el café Geisha panameño como un referente mundial de lujo y excelencia. ¿Cómo ha sido ese proceso de construir una marca con tanto reconocimiento internacional?

Ha sido un proceso largo, y la verdad es que no empezó con una gran estrategia de marca. Empezó con una finca, con muchas manos trabajando bien y con el compromiso de cuidar cada detalle. Cuando el Geisha ganó en Best of Panama en 2004 con puntajes que nadie esperaba, eso nos abrió puertas que antes parecían muy lejanas para el café panameño.

A partir de ahí fuimos aprendiendo: cómo hablar con los mercados, cómo contar la historia de la hacienda y cómo recibir el interés internacional sin perder nuestra identidad. Pero lo que siempre mantuvimos fijo fue el estándar del producto. La marca creció porque el café la sostuvo. Y ese café no existe sin la tierra de Boquete, sin los productores panameños que abrieron camino y sin las personas que cosechan, procesan y cuidan cada lote.

Usted ha sido clave en transformar un producto agrícola en una experiencia de alto valor en el mercado global. ¿Qué visión tuvo desde el inicio para llevar el café panameño a ese nivel?

Desde el inicio creíamos que el café podía ocupar un espacio parecido al del vino fino: con origen, identidad, historia, microclima y una manera propia de expresarse. No lo veíamos solamente como un producto agrícola, sino como una expresión de un lugar.

Panamá tenía las condiciones para producir algo extraordinario, especialmente en tierras altas como Boquete, pero hacía falta demostrarlo con consistencia. Eso fue lo que intentamos hacer: presentar el café panameño no como una curiosidad exótica, sino como un café con la calidad, la elegancia y la profundidad para ser una referencia mundial. Y en ese camino también aprendimos que cuando una finca panameña logra reconocimiento afuera, se abre una puerta para que el mundo mire con más atención a todo el origen de Panamá.

Forbes la destaca entre las mujeres más poderosas de Centroamérica en 2026. ¿Qué significa para usted representar a Panamá en escenarios internacionales y abrir camino para otras mujeres en industrias tradicionalmente dominadas por hombres?

Me alegra el reconocimiento, pero lo tomo con mucha humildad. Lo que más me importa es lo que esa visibilidad puede representar para otras mujeres panameñas y centroamericanas que están trabajando y liderando en sectores donde históricamente no siempre se les ha dado el mismo espacio.

La caficultura ha sido, por muchos años, un mundo muy masculino. Ver a más mujeres liderando hoy en producción, calidad, exportación e innovación abre conversaciones que antes no existían. Y también honra a muchas mujeres que han sostenido este sector desde lugares menos visibles: en la cosecha, en la comunidad y en la familia. Eso, para mí, es el reconocimiento que más cuenta.

A lo largo de los años, ¿cuáles han sido los mayores retos que ha enfrentado dentro de la industria cafetalera y cómo logró convertirlos en oportunidades de crecimiento?

Al principio, uno de los mayores retos fue que el café panameño no era visto internacionalmente como café fino al nivel de otros orígenes más reconocidos. Eso no cambió solamente con discursos; cambió con resultados, con catación, con consistencia y con años de trabajo.

Hoy, uno de los retos más grandes es el clima. Los patrones han cambiado: las lluvias, las temperaturas y las temporadas de cosecha. Eso afecta directamente la calidad del grano y la vida diaria de quienes trabajan en el campo. Nos obligó a entender la sostenibilidad no como una palabra bonita, sino como una responsabilidad práctica: cuidar el suelo, cuidar el agua, cuidar los árboles, cuidar a la gente y cuidar la continuidad de la finca para las próximas generaciones.

Hacienda La Esmeralda no solo habla de café, sino también de sostenibilidad, autenticidad y legado familiar. ¿Cómo logra mantener ese equilibrio entre innovación y tradición?

La pregunta que nos hacemos siempre es: ¿esto mejora el café o no? ¿Respeta lo que la finca ya expresa? Si la respuesta es sí, lo exploramos. Si es solo seguir una moda, preferimos no hacerlo. Para nosotros, la tradición no significa quedarnos quietos. La tradición es respetar el estándar, respetar la tierra y respetar el trabajo que se ha hecho por generaciones. La innovación es la manera de proteger eso en un mundo que cambia. Innovamos para cuidar la calidad, no para disfrazarla.

Ha mencionado la importancia de entender el lujo desde la experiencia y la exclusividad. ¿Qué cree que hace único al Geisha panameño frente a otros cafés del mundo?

La variedad Geisha tiene origen etíope, pero en Boquete encontró una expresión única. La altitud, el suelo volcánico, la neblina, las lluvias, las temperaturas frescas y el manejo cuidadoso hicieron que esa variedad mostrara una elegancia que sorprendió al mundo.

El Geisha panameño puede tener un perfil floral, complejo, delicado, con una acidez brillante y una claridad en taza muy especial. Pero también hay algo importante: se produce en cantidades limitadas y requiere muchísimo cuidado. No es un lujo inventado por el marketing. Es un lujo que nace de la escasez real, de la calidad real y del trabajo real de muchas personas.

¿Qué mensaje le daría a las mujeres panameñas que sueñan con liderar, emprender o posicionar sus proyectos a nivel internacional?

Que conozcan su producto, su proyecto o su campo mejor que nadie. La seguridad no tiene que venir de hablar más fuerte; muchas veces viene de prepararse mejor. Que no esperen que alguien les dé permiso para ser ambiciosas, pero que también recuerden que liderar no es hacerlo todo solas.

Hay que atreverse a estar en las conversaciones difíciles, en las mesas internacionales, en los espacios donde todavía puede sentirse incómodo entrar. Pero hay que entrar con respeto, con preparación y con la convicción de que una mujer panameña también tiene algo valioso que decir. Porque lo tiene.

Rachel Peterson
Copropietaria de Hacienda La Esmeralda
No esperen que alguien les dé permiso para ser ambiciosas. Hay que atreverse a entrar en las conversaciones difíciles
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