12 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Espera... lo inesperado, lo imposible

Los rayos del sol te despertaron, se filtraron por la rendija de la vieja ventana por donde suspiraste de emoción cuando tu fe y tu esp...

Los rayos del sol te despertaron, se filtraron por la rendija de la vieja ventana por donde suspiraste de emoción cuando tu fe y tu esperanza eran firmes y fuertes como una roca.

El día no parece bueno, sientes que desfalleces y que te ahogas en el círculo vicioso de tus fracasos.

La esperanza se quedó varada en el ayer, en el mismo punto donde naufragó tu entusiasmo.

Pero no te rindas, espera lo inesperado, lo imposible. Dios te dará una salida que no conoces, que no alcanzas a imaginar en medio de tu asfixiante angustia.

No temas, no abandones tus sueños, no des marcha atrás, tus imposibilidades, son las oportunidades que Dios aprovecha para glorificarse en tu vida.

Tú pensaste por muchos años que estabas tras la búsqueda de Dios; pero al final, al abrir los ojos, descubriste que era Dios que te esperaba.

¿Quién dijo que la vida iba a ser fácil, que tu caminar iba a adolecer de luchas y tropiezos y que las sonrisas y alegrías serían imperecederas? Llénate de valor y en tu peregrinar por el árido desierto de las tribulaciones enfrenta tus temores, tus gigantes y tus imposibles, con fe y con el pensamiento de que ‘Dios te creó para vencer no para ser vencido’.

Hoy, es el día de olvidar tus fracasos, con Dios no necesitas una historia perfecta. Él te creó y sabe de qué material estás hecho. Él conoce tu capacidad de resistencia en medio del fuego de las pruebas.

Las adversidades son tus oportunidades para refinar tu alma herida y fortalecer tu confianza en Dios.

Espera lo inesperado, lo imposible, el desierto no es para siempre. Pero tienes que atravesarlo, es obligatorio. Allí es donde Dios te revela su voluntad y experimentas su presencia.

Tu desierto no es para siempre, es un lugar de aprendizaje, es por excelencia la escuela de amor, de liberación, de superación y de abandono.

En el desierto confrontas el silencio. Descubres lo frágil y desvalido que eres y experimentas un encuentro con tu propia vida y sus caminos y con el auténtico Dios del Universo.

Es allí en medio de la arena y la sequedad donde dejas de creerte superior a otros. El desierto es para verdaderos hombres y para verdaderas mujeres.

¿Pero sabes?, Dios no dejará que mueras en el desierto, hará brotar agua de la roca y transformará tu sequedad en manantial.

Dios hará que tu desierto desemboque en un hermoso oasis, donde todo será nuevo y fértil. Confía, aunque la sed te agobie y el calor te robe las fuerzas.

Espera lo inesperado, lo imposible, las heridas que sufras en tu peregrinar por el desierto te acercarán más a Dios y te permitirán conocer quién eres realmente y que sin Dios nada eres.

En este día de tribulación agárrate de la fe que cree y actúa, que es el recurso fundamental que tienes como hijo de Dios, para que lo imposible se convierta en posible.

Mientras lees estas cortas letras reconoce tu impotencia y necesidad y ríndete ante la soberanía de Dios, espera lo inesperado, espera lo imposible.

Si le crees a Dios tendrás lo que necesitas, lo esencial, no lo que te gustaría: ‘No te he dicho que si creyeres verás la gloria de Dios’ (Juan 11:40).

No te quedes callado, ordénale a la tormenta que cese, pídele a los que están a tu alrededor ‘que remuevan la piedra’ y dile al paralítico ‘levántate y anda’, esa es tu parte del trato, la de Dios, hacer el milagro.

Dios se luce cuando hay dificultades, cuando aparecen los imposibles, cuando todo parece perdido, cuando ya no hay esperanzas, cuando te quedas solo, cuando solo te queda mirar hacia el cielo.

No temas si quieres hacer lo imposible. El Dios Omnipotente y del amor infinito que camina contigo, no conoce el temor ni los imposibles.

*PERIODISTA.