19 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los dos Panamá

En Panamá cada vez más se marca la brecha entre ricos y pobres. Los indicadores económicos y sociales evidencian el creciente divorcio e...

En Panamá cada vez más se marca la brecha entre ricos y pobres. Los indicadores económicos y sociales evidencian el creciente divorcio entre uno y otro mundo. Mientras las 100 familias de la mafiocracia insisten en decir que estamos en condiciones de primer mundo, que se ven reflejadas en edificios y centros comerciales de las grandes metrópolis, en avenidas como la cinta costera, en la realización de conciertos de opera, cuyo precio equivale a dos salarios mínimos, en la apertura de grandes cadenas hoteleras, etc.

El sesenta por ciento de la población que no logra satisfacer sus necesidades materiales de vida, porque ha visto incrementado el precio del pasaje, de los alimentos, de los medicamentos, del vestido, de la educación, de los servicios de agua potable y electrificación, y que cada vez paga más impuestos; es decir, que ve pauperizada sus condiciones de vida, siente que vive en una sociedad de cuarto mundo.

Mientras se fomentan las actividades de servicio—comercio, los sectores productivos (agro e industria), siente asfixiarse con el abandono de la política pública en esta materia, y ve en el TPC la espada de Damocles que terminará por sepultarlo, pues este solo mira a los sectores importadores y al capital financiero; ello, sin contar las últimas condicionalidades que impuso Obama para recibir a Martinelli. Esta situación reafirma y profundiza la condición de economía hipertrofiada que históricamente nos ha caracterizado.

Igualmente, el mundo de lo real, de lo concreto versus el mundo de lo aparencial. Todos los panameños de a pie sabemos que el subempleo y la informalidad laboral campean nuestras calles y avenidas, basta pasar por un semáforo o por un barrio popular para ver a cientos de panameños que intentan llevar el sustento diario vendiendo buhonería, CD, pollos asados, empanadas y chichas; esta es la realidad concreta de nuestro Panamá. ‘Hay pleno empleo’, dice Martinelli y su gabinete; en un medio televisivo, el viceministro del MEF, Frank De Lima, decía ‘usted pasa por los semáforos y ya no hay vendedores ambulantes’, claro los vidrios ahumados de su flamante automóvil, que financiamos los asalariados con los altos impuestos que pagamos, le impiden ver lo que sucede en nuestras calles.

Ahora, el pleno empleo es una categoría económica liberal, que responde al mercado y a los intereses de máximas ganancias. Pleno empleo no significa cien por ciento de ocupación, significa un grado de desocupación funcional al capital, dado la fuerza de trabajo disponible que permite abaratar el costo de la misma o para reemplazar a los obreros que decretan el paro laborar (huelga).

En estos momentos el clamor de la población es aumento de salario mínimo, aumento de salario general, indexación laboral, aumento de jubilaciones y pensiones, disminución y congelamiento de precios para enfrentar la pérdida de poder de compra de los salarios ante la espiral inflacionaria que vivimos. Por el otro lado, el gobierno se monta en las jumbo ferias que resultaron un irrespeto a la dignidad de la población y los empresarios en sus discursos tradicionales de oposición al aumento salarial. En estos dos Panamá, la parte del PIB a salario mantiene una tendencia decreciente, mientras que las utilidades y ganancia a los empresarios constituyen un cada vez mayor parte del pastel.

No cabe duda, en Panamá prevalece una situación en la que no a todas las personas se les garantiza el goce pleno de sus derechos políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.

No cabe duda, no existe intención del gobierno de cambiar este estado de situación y asumir las medidas de política económica que enfrente la inequidad social. Ante ello, la única garantía que tenemos los panameños para tener y mantener nuestros derechos humanos es la capacidad de cohesionarnos y movilizarnos para exigir un Estado de Derecho en todos sus órdenes.

*SECRETARIO GENERAL DE CONUSI — FRENADESO.