18 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Cómo se financiará la próxima campaña?

La sociedad panameña en general no ha tenido todavía oportunidad de emitir opinión sobre un tema tan relevante para fortalecer nuestra d...

La sociedad panameña en general no ha tenido todavía oportunidad de emitir opinión sobre un tema tan relevante para fortalecer nuestra democracia. A pesar de su amplia repercusión, el asunto parece quedar exclusivamente en manos de los representantes formales de la clase política: los diputados de la Asamblea Nacional. Sin embargo, el financiamiento de campañas políticas a partidos o candidatos en tiempo electoral tiene mucho que ver con el fortalecimiento o socavamiento de nuestro sistema democrático. Hemos hablado mucho y pocas medidas eficaces se han concretado, pero hoy estamos a tiempo para impedir que en el 2014 se repitan los peligros y prácticas perjudiciales del pasado.

Aceptando que muchas de las actividades propias de un sistema democrático no son gratuitas y cuestan dinero, sobre todo las electorales, el tradicional dilema se centra en establecer de donde se deben obtener los fondos necesarios para financiar una campaña electoral. Hay argumentos a favor y en contra de cada una de las posiciones: si deben provenir del Erario Público, del sector privado o si pueden ser mixtos. Para ayudar a resolver la disyuntiva algunos echan mano de la experiencia de otros países que disfrutan de democracias ‘más asentadas’; pero más valiosas resultan nuestras propias experiencias, sobre todo las malas.

En materia de utilización de los fondos públicos, que todos aportamos, ha habido en el pasado un marcado desorden y falta de control: seminarios que no se daban, charlas que en realidad no se dictaban, pero reportaban jugosos emolumentos a eruditos charlatanes, opíparas comidas a comensales fantasmas, banderines y camisetas que no se fabricaban ni entregaban, pero que se cobraban como si lo hubiesen sido, pobre publicidad que costaba el doble. Ha sido el cuento de nunca acabar, pero que resulta tanto más irritante y despreciable por cuanto lo sufragamos todos con nuestros impuestos.

Los escándalos también han provenido en materia de contribuciones privadas. Se cuestiona con justificada suspicacia la identidad de los donantes, el monto de las contribuciones exageradas y sus encubiertas motivaciones. Años atrás, cuando el candidato presidencial descubrió dineros de origen cuestionado irregularmente filtrados a su campaña, públicamente aceptó el error y ordenó devolverlos. Fue un sano gesto que puso en evidencia el peligro de donaciones privadas cargadas con segundas intenciones. Más tarde, en vísperas de elecciones, surgió nuevamente el tema de un supuesto aporte sospechoso que le restó apoyo del electorado al candidato a la Alcaldía de la ciudad capital.

Hoy vuelven al tapete contribuciones cuestionadas que se justifican como préstamos que disimulan fondos aportados por la misma conocida fuente, cuyos dudosos antecedentes lograron malograr aquella candidatura alcaldicia. Peor aún: se ha mencionado que esos aportes a la campaña del principal partido hoy gobernante, fueron mezclados en una cuenta bancaria con otros fondos aportados por la empresa brasileña Odebrecht. Lo cual, de ser cierto, denota un apoyo económico doblemente cuestionable a la luz del marcado protagonismo que, independientemente de su capacidad técnica, disfruta dicha empresa en tantas obras públicas en ejecución.

Las propuestas de reformas que reposan en la Comisión de Gobierno de la Asamblea deben recibir la atención que ellas merecen como aportes serios contra los peligros a que nos expone el enclenque sistema vigente. Compete a dicha Comisión tratar el tema con honestidad intelectual, patriotismo y valentía, sin engaños. Debo reseñar en forma especial que, en materia de fondos privados, la fórmula más eficaz propuesta consiste en la obligación de dar a la publicidad todos los detalles pertinentes sobre todas las contribuciones privadas recibidas. Resulta importante conocer sobre todo los apoyos económicos a las campañas de los candidatos y partidos que hayan triunfado; ellos son los más susceptibles de recibir los ‘pases de factura’, por tener la llave del poder y de favores oficiales.

Mientras toleremos costosas campañas electorales, las contribuciones privadas malsanas se tratarán de colar y la tentación de aceptarlas estará presente. Necesitamos una mínima dosis de valentía de los diputados para superar intereses conocidos y lograr que en la próxima campaña no se corran riesgos indeseables por la necesidad exagerada de dineros privados.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.