20 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Segunda vuelta: más $ para política ‘Vivir es editar’

A alguien se le ocurrió decir que la gobernabilidad se garantiza con la ‘segunda vuelta electoral’. Ello podría ocurrir, pero no es aut...

A alguien se le ocurrió decir que la gobernabilidad se garantiza con la ‘segunda vuelta electoral’. Ello podría ocurrir, pero no es automático ni válido en todos los casos. ¿De qué hablamos? En nuestro sistema político, el candidato presidencial, con más votos (sin importar margen), es declarado ganador. Con la segunda vuelta se cambiaría este modelo, de manera que el candidato con mayor número de votos es proclamado, en la primera ronda, siempre que obtenga mayoría absoluta de los votos, o la mayoría relativa calificada, según lo que se establezca en la legislación electoral. Si ninguno de los postulados obtiene el porcentaje exigido, se realiza una ‘segunda vuelta’ entre los dos candidatos con mayor número de votos, resultando triunfador el más votado.

¿Cuáles podrían ser los beneficios de este modelo? Habría, para determinarlo, que revisar las particularidades y las experiencias para cada caso (lo que no es posible aquí), aunque el juicio de valor que se haga podría estar incidido por los intereses políticos de quienes juzguen. La visión general supone el fortalecimiento de la legitimidad del sistema presidencialista, en el que a un mayor respaldo del electorado una mayor gobernabilidad. Así de escueto el planteamiento. Son muchos los estudios, y los ejemplos en la región que no validan ni respaldan esta conclusión; la contradicen, en algunos casos. El mero ejercicio cuantitativo, de más o menos votos de diferencia, resulta poco creíble para otorgar al mandato ejecutivo una calificación cualitativa en el ejercicio del poder.

En cuanto a Panamá, resulta preocupante la propuesta ‘ricamar’ por lo que ella implica para los fondos públicos, igualmente por la expectativa falseada de que con ello se van a superar las deficiencias del régimen institucional—democrático.

De aprobarse (o imponerse) ese modelo, asistiremos al encarecimiento de las elecciones presidenciales, provocando un saldo negativo a las ya abultadas finanzas públicas dedicadas a la política. Y, cabría preguntarse ¿qué logros tangibles para la sociedad serán alcanzados con más plata dedicada al activismo electoral? ¿Se justifica incrementar la onerosidad del sistema para resolver las estériles disputas por el poder? No resulta rentable tomar en serio semejante propuesta. La situación inflacionaria, como el panorama tétrico para todos los panameños, cierra los espacios para que, con recursos del Estado, se practiquen fórmulas cuya verdadera motivación no es ajena a los fines muy particulares de una de las fuerzas políticas.

La segunda vuelta lo que pretende es resolver el ajedrez político—electoral de las elecciones de 2014, sobre todo el interés del Ejecutivo, y de su colectivo, de tener mecanismos beneficiosos para la negociación política (para no decir chantaje) con sus aliados más cercanos y con quienes, se supone, hay ‘trato de relevo’ en la silla presidencial.

*PRESIDENTE DEL PARLACEN.

V ivir, oportunidad que tiene todo ser humano día a día de imaginar, transformar, crear, reformar y devolver lo que la vida, a través de las experiencias, nos ha obsequiado, incluye una serie de pactos con el medio social; ese medio social que hacemos nuestro cuando observamos el amor de una mujer, la superación de un amigo, la meta alcanzada por el vecino y nos damos cuenta de que esos detalles son invaluables.

Habitar no encierra solo establecer la rutina muy esquematizada que nos impone el sistema o hemos dejado que se imponga en nosotros; editar, aquel botón que nos permite corregir un documento o escrito, es el mismo principio que debemos llevar con nosotros en nuestro actuar. El problema gubernamental —ejemplo práctico— manifestado en su tenebrosa realidad, nos asalta al pensamiento y nos cuestiona ¿hacia dónde se dirige el país? Pero esto no es solo problema del presente gobierno, del pasado o de la era militar; el problema lo tenemos todos; es la autoprivacidad de voluntad que hemos tenido de corregir los nefastos errores del pasado y trazar las posibles soluciones que nos permitan subsanar los males de la población en sus temas más delicados.

Cada individuo debe ser partícipe y no cómplice de los eventos cotidianos, no puede ser indolente ante la violación a una menor de edad; a la agresión a mujeres o infantes a causa del maltrato intrafamiliar; ante despidos injustificados por jefes que ven a la persona como un sirviente, no como colaborador; hay que promover un medio donde se respeten las garantías fundamentales; donde no se tenga que cerrar una carretera, porque en Paso Blanco de Pacora, aun no saben lo que es el H2O.

Busquemos esa edición constante por medio de nuestros actos, nuestros valores éticos pongámoslos en práctica con los demás; que nuestra calidad humana sea nuestro modus operandi de ahora en adelante y solo en esa línea tendremos una mejor sociedad, un mejor país.

*LICENCIADO EN DERECHO.