13 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Mis reformas a la Constitución, No. 5

CIUDADANO PANAMEÑO.. El Título XII de la Constitución, sobre ‘Fuerza Pública’ necesita reforzarse. No basta que se haya aprobado en 199...

CIUDADANO PANAMEÑO.

El Título XII de la Constitución, sobre ‘Fuerza Pública’ necesita reforzarse. No basta que se haya aprobado en 1994 que la República de Panamá no tendrá ejército. Es necesario proveer de institucionalidad a la Policía, a fin de garantizar su profesionalismo.

Desde diciembre de 1989, el Doctor Ricardo Arias Calderón, ministro de Gobierno y Justicia, impulsó la profesionalización y la despolitización de la Fuerza Pública; luego de veintiún años muchas cosas han pasado. Se intentó que uno de sus propios miembros dirigiera la nueva Policía Nacional; el intento falló. El primero fue el coronel Armijo, quien a los dos días dejó el cargo al comprobársele considerables depósitos de dinero en el Banco Nacional, que no pudo justificar. Reemplazado por el coronel Herrera Hassán, en el servicio exterior por sus desavenencias con Noriega, hubo de salir por conspirar contra la incipiente democracia. El coronel Quezada fue el tercero, quien fue relevado al públicamente enfrentarse a campaña mediática en su contra del diario La Prensa.

Tras esos fallidos intentos, fue Ebrahim Asvat, abogado de profesión y quien dirigía la relación institucional del Ministerio con la Policía, el primer jefe civil de la entidad en 50 años. Arias Calderón había supeditado a la Fuerza Pública al poder civil, siendo el ministro de Gobierno su jefe inmediato. En abril de 1990, esa línea de mando cambia al salir el PDC del gobierno. El presidente se convierte en el jefe directo de quien manda en la Policía. Endara nombra a un copartidario como jefe de la Policía, el abogado Gonzalo Menéndez Franco, quien renunció menos de cinco meses después al participar en una actividad político partidista del Partido Panameñista, acción prohibida por la Ley. Lo reemplazó el abogado Oswaldo Fernández, ex funcionario judicial, quien fungía como director de la Policía Técnica Judicial; no tenía militancia política.

Pérez Balladares deja a Fernández por unos meses y nombra a su amigo José Luis Sosa, cubano, excombatiente de Bahía Cochinos y quien no podía ser jefe de la Policía, porque la ley vigente indicaba que para serlo debía ser nacido en Panamá. Se tiñe la Policía de PRD, al igual que en el gobierno siguiente, cuando se nombra como jefe al ex conductor de Arnulfo Arias, Carlos ‘Toti’ Barés, como jefe policial. En los tiempos de Martín Torrijos, hay tres distintos jefes policiales, el ex banquero Gustavo Pérez, reemplazado por el abogado Rolando Mirones, quien por divergencias con el ministro de Gobierno, el ex militar Daniel Delgado Diamante, dimite, terminando ese período el comisionado Francisco Troya, actual embajador de Panamá en México, y el primero no civil desde que Asvat dirigió la Policía.

La asunción al cargo de Gustavo Pérez hijo, es el caso más patético de la política policial de no respetar el profesionalismo de la entidad, al excluir de la fuerza y jubilar anticipadamente a valiosas unidades parta darle cabida a gente sin experiencia, ex militares y a civiles, pero leales a la actual jefatura.

Para lograr una entidad policial con una coraza contra el crimen es necesario respetar la antigüedad, la disciplina, dar el ejemplo con autoridad moral y sobre todo con conocimientos, elementos necesarios para poder trazar una estrategia de seguridad nacional.

Propuesta: Establecer mecanismos que garanticen profesionalismo de la Fuerza Pública y que su jefe, al igual que ocurre en muchos países, sea escogido por el Ejecutivo proveniente de las filas de la institución policial. Así se protegería la institucionalidad de que hoy carecemos, respetando la dignidad de los que con tanto esfuerzo y sacrificio dan su vida por proteger a los que vivimos en la República de Panamá.