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17 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

OEA: mal por fuera, peor por dentro

EMBAJADOR DE PANAMÁ ANTE LA OEA.. La OEA tiene problemas políticos que difícilmente arreglará mientras haya países miembros que sólo pi...

EMBAJADOR DE PANAMÁ ANTE LA OEA.

La OEA tiene problemas políticos que difícilmente arreglará mientras haya países miembros que sólo piensen en la solidaridad continental de la boca para fuera. Esos dicen que si se meten con ellos, ‘cuestionan lo que yo hago internamente pisoteando a mis opositores y violando sistemáticamente los derechos humanos, se están entrometiendo en mis asuntos internos y están violando mi soberanía nacional: Eso no puede ser de competencia de la OEA’. Agrava la situación el temor reverencial que le tienen a aquellos los que hoy regentan la organización hemisférica.

Esa organización inactiva para algunos, improductiva para otros, a nivel interno se ha convertido en una especie de caos: se ha comido las reservas que tenía; no hay dinero para reparar sus edificios; hay desasosiego entre sus trabajadores regulares ante la incertidumbre de los constantes despidos; no hay dinero para continuar programas; hay países que no pagan sus cuotas y persisten amenazas de crear una organización paralela.

Sin embargo, su secretario general parece no vivir crisis financiera alguna y continúa contratando personal de confianza por encima del límite que le permiten los reglamentos. Gasta en reunir a sus amigos (como su jefe de campaña presidencial en Chile) en grupos de reflexión o de consulta que nadie conoce, discriminando en ellos al Caribe (con 15 miembros en la organización) y a Canadá, uno de los principales donantes de la OEA. En fin, es una organización que si se ve muy deteriorada por fuera, lo que se vive por dentro es de terror.

Al asumir mi cargo el 4 de julio de 2009, —día de la suspensión de Honduras— inicié mi campaña a favor de una OEA que enfrentara los problemas de la región con valentía; sin medias tintas. Por eso me opuse al sesgado tratamiento que algunos daban a la crisis de Honduras, mientras nos hacíamos los de la vista gorda con cosas peores que ocurrían en otros países del hemisferio. Por eso me puse del lado de Costa Rica cuando sufrió la agresión nicaragüense y estuve a favor de que se investigara la acusación de Colombia de que las FARC tenían campamentos militares en Venezuela. Esas verticales posiciones, quizás inapropiadas en foros donde se evita irritar a los demás, causaron molestias en algunos que hasta puerilmente me acusaron ante mi gobierno.

Sin embargo, la ambivalencia que algunos veíamos hacia fuera, nos hizo mirar un poco hacia adentro. Lo que hemos encontrado ha sido de espanto: una organización que promueve la transparencia a nivel continental, pero a lo interno se escuda en el más bochornoso secretismo. Que debe hacer gala del profesionalismo, pero promueve el ‘funcionario de confianza’, sin concursos, y con mucho de amiguismo. Que debe hacer gala del pluralismo ideológico que existe en el Continente, pero se balancea únicamente del lado que cree que está la tendencia hoy en el hemisferio.

Lo que he llevado a cabo en los dos últimos meses ha puesto el dedo sobre una llaga que cada día hace más enferma a nuestra organización, hecho conocido por todos, pero nunca hecho público como ahora. Que si no la curamos con un tratamiento invasivo, poco nos durará y las lamentaciones la precederán, porque la OEA es necesaria e imprescindible en nuestro Continente, pero definitivamente no en el estado catatónico en que hoy está.