28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Cuándo sé que he madurado?

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.. C uando ya no tengo dudas de mí, cuando paso por la vida segura de mí misma, cuando mis pasos me l...

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.

C uando ya no tengo dudas de mí, cuando paso por la vida segura de mí misma, cuando mis pasos me llevan al lugar que quiero, cuando ya no lloro ni me lamento por pequeñeces, cuando mi vida empieza a tener sentido, cuando no dudo de lo que soy capaz, entonces he madurado. Envejecer es una obligación y la madurez una opción, no es un estado mental, es una actitud, es tener sentido común ante la vida. Empezar a madurar no es un asunto de edad. Se puede ser muy joven y a la vez tener una madurez extraordinaria. Sin embargo, hay personas que nunca maduran, viven la vida como niños, mienten para salir del paso, son ridículos, le hacen la vida imposible a los que adversan sus ideas, tienen el cerebro neuronalmente gangrenado y pervertido, son como niños envueltos en el cuerpo de un adulto. Personas que hacen de sus vidas una pantomima, porque no tiene un propósito de vida.

Te encuentras con personas que tienen metas, objetivos y planes de vida. Y, aunque se les presenten obstáculos por las distintas presiones sociales, familiares, económicas y laborales, saben cómo enfrentarlas, saben cómo manejarse ante la envidia y el egoísmo, en otras palabras, saben cómo manejarse ante la estupidez de algunos cuantos. Son personas que tienen el mundo en sus manos y se convierten en los verdaderos sostenedores de la justicia, su propósito es trabajar por el Bien Común.

Hay otros tipos de personas, que siempre están inconformes, aburridos, arrastrando la manta de su frustración, con grilletes en el alma, no saben qué hacer, no hacen nada por cambiar su vida ni tratan de darle solución a sus conflictos, siempre están a la espera de que otras personas lo hagan por ellos. El clásico panameño que espera que todo se lo resuelvan o, el clásico político —tonto útil— que no le importa a quién arrincona por el solo hecho de salirse con la suya. Un ejemplo típico, un diputado de la Asamblea Nacional cuando vociferó que todos somos mentirosos. En su delirio nadie se salvó; vaya cerebro con pensamientos tan absurdos e irracionales. Verdaderamente que nos encontramos con gente tan torpe y dirigiendo la cosa pública. Al observar sus actitudes, este señor es incapaz de mirar atrás con arrepentimiento. ¡Vaya manera de defender al presidente Martinelli! Flaco favor le hace. A veces pienso que lo que busca es hundirlo. Calladito se vería mejor.

Y, no solo él, hay otros tantos politiqueros —tontos útiles— que se dan a la tarea de hacernos la vida imposible. Es por ello que debemos aprender a escoger a los mejores y pensar detenidamente que no vale nuestro desgaste emocional quien no sabe respetarnos ni apreciarnos.

La democracia es lo más frágil que hay. A cada segundo se le atropella. La democracia no se construye en pocos o muchos años ni es potestad de unos cuantos, la democracia la construyes tú con buenos sentimientos por la patria que te vio nacer, cuando logres entender lo que es bueno para ti y para todos, cuando seas leal a tu palabra, cuando tengas a Dios como el artífice de tu vida y el guía en todo lo que haces, cuando te atrevas a erradicar la corrupción, cuando sepas elegir a los mejores para que conduzcan a tu país.

Te sentirás completamente maduro cuando veas que ya puedes caminar sin muletas, sin mochilas en el alma, cuando reconozcas a los que se aprovechan de ti, a los que te engañan. Cuando seas capaz de enfrentarte a ellos sin temor alguno.

Maduras cuando, a pesar de los golpes que produce la insensatez de algunos cuantos, no te dejas contaminar. Levántate y logra procesar tus pensamientos hacia un campo de rosas de paz y tranquilidad. No te resignes.

Has madurado cuando veas las injusticias y los malos tratos y cuando te des cuenta de que vives en una sociedad indiferente al sufrimiento ajeno y que debes hacer la diferencia. Lograrás la madurez en cada golpe que la vida te da. Cuando ayudas al que lo necesita dando esa palabra de aliento a su angustia.

Maduras cuando digas ¡basta! al que te deja y te toma cuando quiere, haciéndote daño. Maduras cuando no aceptes pedacitos de felicidad. Dios te regaló la vida para ser feliz, no la desaproveches. Y, si en tu camino encuentras dolor y sufrimiento, trabaja tu mente y tu corazón para resolver esos obstáculos, eso también es madurez.

Habrás madurado cuando sonrías mirando la vida con optimismo, a pesar de haber llorado toda una noche. Decide madurar para poder mirar a tu alrededor y descubrir qué es lo que más te hace feliz. Hoy solo busca vivir en completa paz y felicidad, para dar a los que te rodean ese nivel de afecto.

La madurez es una bella etapa, es cuando más seguro te sientes de lo que haces, piensas y dices y no necesitas explicárselo a nadie, la gente con solo mirarte ya lo sabe, y sin saber cómo, inspirarás confianza. Siempre habrá personas que se acerquen a ti. Serás como un vaso de agua en el desierto.

Sólo importa una persona para toda la vida y, esa persona eres tú. Más aún si tienes a Dios a tu lado. Piénsalo y verás...