Ligia Herrera Jurado nació en David, Chiriquí, el 4 de mayo de 1918, en el seno de una familia modesta. Fue la menor de 6 hermanos, y la única que llegaría a tener estudios universitarios. Para entonces, la república de Panamá aún no tenía 15 años de fundada, y eran pocas las opciones de estudio y trabajo que podía ofrecer a los jóvenes de su origen social residentes en el interior del país.
Ligia siguió así el camino de la educación primaria en entidades públicas de su ciudad natal. Ingresó a los 11 años en la Normal Rural, y un año después en la Escuela Normal de Institutoras, en Panamá. Al concluir sus estudios pasó a trabajar como maestra en Puerto Armuelles, donde contrajo matrimonio con un técnico de laboratorio que trabajaba en el hospital de la United Fruit Company de aquellos tiempos.
Logró abandonar la vida del enclave bananero gestionando una beca que le permitió a su esposo estudiar medicina en Brasil. Allí se formó como bibliotecóloga, la única profesión que pudo estudiar con sus propios medios. A su regreso al país, ingresó en la Universidad de Panamá, donde obtuvo una Licenciatura en Geografía e Historia en 1962.
Una beca de la OEA le permitió viajar a Chile para continuar sus estudios de doctorado en la Universidad de Chile, que culminó con distinción en 1965, a los 47 años de edad. Chile, además, le brindó la oportunidad de entrar en contacto con una sociedad culta, que apreciaba a sus intelectuales, y en la cual se respetaban los derechos democráticos de los ciudadanos a optar, por ejemplo, por un compromiso con ideas de izquierda de múltiples matices.
Esto llevó a doña a Ligia crecer en su compromiso patriótico con la lucha contra el protectorado militar impuesto a Panamá por los Estados Unidos, y contra el régimen político oligárquico amparado por aquella protección. Así, tras colaborar por un breve periodo en Panamá con el Dr. José Renán Esquivel, entonces ministro de Salud en el gobierno de Omar Torrijos, regresó a Chile, donde acogió con entusiasmo al triunfo electoral de Salvador Allende como presidente de ese país. Allí colaboró en lo que estuvo a su alcance con la gestión de gobierno de la Unidad Popular y, tras el golpe de Estado que derrocó ese gobierno, desarrolló actividades de solidaridad con la resistencia a la dictadura militar.
Nada de eso interrumpió su actividad profesional. Para fines de la década de 1970, pasó a trabajar en México con la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina, donde desarrolló un estudio sobre el crecimiento urbano de nuestra región. Para la década de 1980 ya había dejado huella en su campo de trabajo en nuestra región.
Regresa entonces a trabajar nuevamente en su país donde, si en 1975 había producido el primer Atlas de Salud de Panamá, pasó a colaborar con el recién creado Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá, dirigido por la Dra. Carmen Miró. Allí coordinó el estudio Desastres naturales y zonas de riesgo en Panamá: Condicionantes y opciones de prevención y mitigación, un trabajo pionero en su campo publicado en 1991, y desde allí concibió y llevó a cabo la que quizás fue su obra más importante: Regiones de desarrollo socioeconómico de Panamá.
Ese estudio, realizado a partir de fuentes oficiales como los Censos Nacionales de Población y Vivienda, permitió evaluar la relación entre el nivel de desarrollo humano – alto, medio alto, medio, medio bajo y bajo – y el grado de desarrollo económico en todas las regiones del país. Sus investigaciones posteriores mostraron con claridad la inequidad en el acceso a los frutos del desarrollo entre la región interoceánica, y las regiones del interior, y el agravamiento constante de esa inequidad a partir de la década de 1980.
En la obra de doña Ligia destaca su antología de ensayos El País que Somos, que ofrece una visión panorámica de gran valor sobre nuestro territorio y nuestra sociedad. Instituto de Estudios Nacionales, Universidad de Panamá, 2003. La investigación científica es una actividad racional con arreglo a fines que determinan tanto la selección de sus objetos de estudio como la organización del estudio de esos objetos. En doña Ligia, esos fines estuvieron siempre vinculados a su compromiso con la lucha contra el protectorado extranjero, y por el derecho de su gente a una prosperidad sostenible, democrática y equitativa. Fue siempre una maestra incansable en su deseo de enseñar. Su opción por la ciencia le costó muchos sacrificios personales, pero eso nunca la detuvo.
Este artículo se basa en el capítulo titulado “El legado de Ligia Herrera en la geografía humana y las ciencias sociales: aportes y pendientes” del libro “Diálogos Intergeneracionales de Científicas Sociales Panameñas” (CIEPS y CLACSO), del proyecto Pioneras de la Ciencia en Panamá, financiado por la SENACYT.