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19 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

En el regreso de Noriega

T odo Chiriquí estuvo pendiente del regreso del reo Manuel Antonio Noriega, el pasado 11 de diciembre. Silencio sepulcral se sentía en t...

T odo Chiriquí estuvo pendiente del regreso del reo Manuel Antonio Noriega, el pasado 11 de diciembre. Silencio sepulcral se sentía en toda la población que estaba atenta a los medios audiovisuales y a sus reporteros que, en nuestra opinión, hicieron una excelente cobertura, muy a pesar de la excesiva protección que dio la Policía Nacional al exdictador condenado.

En la Academia Bilingüe ubicada en la urbanización Guillermo De Roux, al sur de San Mateo, ciudad de David, se reunían los miembros del Círculo de Ciudadanos Independientes, integrado por civilistas y quienes se habían pronunciado a favor de las acciones anunciadas por los dirigentes de la Cruzada civilista Nacional. Una bandera blanca ondeaba en lugar, mientras en el interior del edificio los civilistas seguían atentos el regreso del exdictador, para quien han pedido cárcel en un penal por los crímenes cometidos cuando sometió al país al autoritarismo exacerbado.

La timidez en las emisiones radiales en la provincia casi no se sintió, porque las televisoras nacionales iniciaron desde tempranas horas reportajes alusivos al momento histórico, respondiendo, en esa forma, a las expectativas del público televidente.

Y es que en la provincia de Chiriquí, como en otros lugares del país, Noriega tuvo sus aliados, es cierto. Hubo favorecidos en los fraudes electorales que el dictador orquestó; emplanillados de alto nivel; socios en sus desafortunadas acciones delictivas, y hasta quienes, obedeciendo sus órdenes, cometieron todo tipo persecución, llegando al deleznable y abominable asesinato. Pero también tenía —y tiene— sus enconados adversarios. A una gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas que jamás le aceptaron sus enfermizas aberraciones; que repudiaron siempre sus excesos, pese a la persecución que el tenebroso G-2, infiltrado en todas las instancias, incluyendo a educación, ejercía sobre la población.

Los chiricanos en inmensa mayoría no le perdonan al exdictador haber convertido a Chiriquí en el depósito de la sangre derramada por panameños y panameñas que cayeron en manos de sus matones. Los estremece el hecho, y sobre todo, pensar en los aciagos momentos en que han debido sentirse impotentes, aislados de familiares de quienes no pudieron despedirse; presa de salvajes golpizas y ultrajes, y finalmente fulminados por las balas asesinas.

A esto hay que agregar la gran cantidad de residencias violentadas, detenciones arbitrarias, allanamientos antojadizos, campañas de desprestigio en los diarios controlados por el tirano, la escandalosa dilapidación de los recursos del Estado en las campañas de 1984 y 1989, la eliminación de elecciones populares, la manipulación de los órganos del Estado y el Tribunal Electoral. A estas corruptas manifestaciones de la institución a cargo de Noriega, los chiricanos dijeron NO en el rechazo electoral de 1980, y en otras conductas que ubican al sector civilista de la provincia en posición de honor.

Por ello, una vez más, los independientes y civilistas de Chiriquí, no se han sumado al inexplicable silencio de algunas agrupaciones políticas, sino a la petición de la Cruzada Civilista Nacional, para que el exdictador pague en la cárcel sus crímenes y por el daño que hizo a Panamá.

EDUCADOR