18 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La cara oscura de ‘El Dorado de Panamá’

En entrega anterior (http://www.laestrella.com. pa/online/impreso/2011/05/25/ los_oscuros_laberintos_de_la_política_cultural_en_panamá.a...

En entrega anterior (http://www.laestrella.com. pa/online/impreso/2011/05/25/ los_oscuros_laberintos_de_la_política_cultural_en_panamá.asp) hicimos una dura crítica a la que consideramos la política cultural en Panamá. En aquel momento nos referíamos a la iniciativa que se hacía desde la institucionalidad oficial para modificar de manera inconsulta la normativa que regula los temas culturales en Panamá.

Esa entrega fue objeto de llamadas telefónicas de los más altos administradores del sector cultura en Panamá, oportunidad que ofrecí para participar en ayudar a construir un proyecto de legislación cultural, invitación que nunca llegó por manos de los representantes del sector. Mientras ocurrió la ruptura de la alianza, el naufragio de la Tusa Financiera en los jardines del Santo Tomás y el viraje de timón de la dirigencia política criolla, coyuntura que aprovechó la cultura para quedar doblada ante el azote de los vientos, para producir bajo el amparo de las negociaciones de políticos tránsfugas, la continuidad en la administración del sector. Nuevamente quedó demostrado que la cultura no importa a los mezquinos intereses de quienes dicen administrarla con entrega y dedicación.

Si no es así, fíjese que mientras usted duerme o va camino a Belén, la fase III de la Cinta Costera sigue su rumbo inconsulto, opaco y alejado de los intereses nacionales; señalamientos y críticas que motivaron también amenazas y hostigamientos de quienes pretendían la compra del patrimonio nacional y el lucro privado del fondo de mar; hoy los medios anuncian la aparición de El Dorado de Panamá, fantástico tesoro de orfebrería precolombina desenterrada en el sitio arqueológico de El Caño.

Este maravilloso descubrimiento se hace mediante el tenaz trabajo de arqueólogos y profesionales de esas disciplinas con el apoyo directo del Instituto Smithsonian y la National Geographic Society. De las entrañas de nuestro profundo Coclé, nuevamente el oro panameño vuelve a brillar con las luces más resplandecientes en el escenario mundial, sin que en Panamá el eco de esas voces de las autoridades responsables de la administración del patrimonio arqueológico panameño hayan tenido algo que decir. Mientras se descubre el Dorado panameño nadie habla de la huaquería en los mismos llanos de Coclé y de formas prácticas y racionales de contrarrestarla, lo que he llamado la cara oscura del Dorado panameño. Estos hechos muestran la triste realidad de que la política cultural, como se dijo una vez, duerme en otro lado.

El nivel e importancia de los hallazgos arqueológicos que anunció la National Geographic era motivo para que el Instituto Nacional de Cultura haya preparado —para ayer— un lanzamiento formal por todo lo alto y haber organizado una exhibición con el nivel que el descubrimiento amerita, para que en el llamado Singapur de América, fuésemos capaz de mostrar al mundo, que somos más que un crecimiento económico excepcionaly sitio de negocios en las Américas, sino el lugar que alberga El Dorado de Panamá.

La no declaración de los responsables de la educación y la cultura dejan en evidencia oportunidad perdida de potenciar la educación y la investigación mediante museos y un trabajo comunitario para valorar los temas de nuestro pasado precolombino como algo válido; asunto realmente lamentable y medio para combatir la huaquería. Traer en relevancia la sofisticación artística y la creatividad, la organización sociopolítica compleja y el orgullo de pertenecer o ser descendientes de estos grandes señores podría dar otro sentido a lo que promueve el sector turismo que no deja en nuestras playas, sino basura, detritos para los pueblos y dineros para los dueños de los resort en la costa blanca panameña.

El hallazgo de El Dorado panameño en el Caño es una oportunidad de educación y de orgullo para hacer ver al mundo que Panamá es más que en Canal, que el tamborito y un desfile de polleras.

Mientras se guarda silencio y nos hacemos cómplices de destrucción del patrimonio universal de Casco Viejo se ofertan en los espacios desahuciados del MARTA y los desvencijados salones del Santo Tomás, propuestas mediocres y de poca profundidad como reinados de carnaval, dinosaurios de plástico y exhibiciones que deshonran a genios como Da Vinci y Dalí. Todo lo anterior, entre ausencias, complicidades, desinterés e ignorancia queda demostrado que la política cultural panameña y la valoración y protección del patrimonio arqueológico y artístico panameño, sigue durmiendo, en profunda pesadilla, en otro lado.

INGENIERO