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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Datos para digerir las noticias

D ependiendo de qué teoría quieras estudiar sobre el tema de la Comunicación, encontrarás diferentes elementos que, cada uno de ellos su...

D ependiendo de qué teoría quieras estudiar sobre el tema de la Comunicación, encontrarás diferentes elementos que, cada uno de ellos sugiere como componente de los modelos o procesos diseñados (hay literalmente cientos de teorías). Para mantenerlo sencillo, quién prepara y emite información y su intención, yo les recomiendo vigilarlos cuidadosamente, como regla fundamental que toda persona debe seguir a la hora de evaluar una información emitida en el proceso de comunicación. Créame que en este tiempo que vivimos, es mi mejor recomendación.

Ya Harold Laswell teorizó sobre esto. Su planteamiento sobre los efectos e intenciones del proceso informativo y comunicativo en su cuestionamiento sobre ‘quién dijo qué, a quién, por qué canal y con qué efecto’. Para los que abogamos por una comunicación menos nociva, más tranparente y apegada a la verdad, reconocemos que los nuevos modelos de la manipulación informativa y mediática se corrompen más cuando son sazonados por la lucha por el ‘rating’; por las intenciones políticas y politiqueras y, peor aún, por el pobre nivel intelectual de los que nos deben preparar y transmitir información.

Nadie debe tomar como fiel lo reportado por los representantes de los medios en las primeras horas y hasta días después de ocurrido un evento. Como todo evento inesperado, en esas primeras horas los hechos superficiales son los que están disponibles; pero, las razones y los objetivos perseguidos por los interesados, solo se obtendrán mediante investigaciones frías y a profundidad que, casi en todos los casos tienden a esclarecer los acontecimientos. Eso es lo que hace falta: disciplina de la investigación o cerrar la boca cuando no estás seguro de algo. Y si el hecho está prefijado por acontecimientos anteriores, información que los reporteros y periodistas deben manejar, no contextualizarlo es una falta grave a la obligación de la objetividad. Pero eso, la objetividad, no es lo que buscan los periodistas, ni los medios.

Cuando llegó Noriega el mes pasado, nuevamente vimos la falta de profundidad en el trabajo periodístico en el campo, y la conducta de espectáculo que exhibieron los periodistas durante todo el día.

En el año 2008, un cantante del género popular de raggue muere en circunstancias trágicas y violentas, en un contexto similar al contenido de la lírica de sus canciones. Un medio audiovisual local, sediento o necesitado de atención, se aprovecha del hecho trágico de la pérdida familiar, de la situación encontrada entre la música del difunto y su propio destino, y convierte su entierro en un espectáculo mediático. Sin asco y sin vergüenza, toda una tarde con una trasmisión en vivo desde el cementerio Jardín de Paz.

También, en el año 2008 el accidente del helicóptero SAN-100, con varios ciudadanos panameños abordo y una delegación de visitantes de Chile, llevó a la guerra de la primicia y los ‘ratings’ cuando los periodistas apostados en el área, en las primeras horas, especularon desordenada e insistentemente con la poca información que tenían en el momento. Afirmaban sus observaciones con conjeturas y presunciones muy tempranas, a la ligera y sin pruebas.

Si lo más importante que te está diciendo un director de noticias es que hay que subir el ‘rating’, naturalmente el periodista comprometerá su independencia objetiva. Y, no olvidemos las restricciones ya implícitas y correspondientes, relacionadas a los intereses del dueño del medio. Noam Chomsky dice que: ‘Tradicionalmente en América Latina, los medios han estado casi en su totalidad bajo el control de pequeños sectores con enormes fortunas y concentración de poder’ (extreme wealth and concentrated power). Panamá es vivo ejemplo de este enunciado.

Así que, para un reportero novel, que busca iniciar con buen pie en la profesión, para un periodista de relativa trayectoria, con familia y obligaciones; para los que buscan fama y ser figura popular y pública, en esta sociedad artificial y ligera, al fin y al cabo, ¿qué será importante para ellos? Dentro de esa perspectiva, es que uno de esto ‘profesionales’ asume la tarea de preparar una información para ser difundida. El conocimiento profundo de la verdad y sus consecuencias es secundario. Hago la salvedad de que hay periodistas muy serios que cuidan su independencia de criterio pero lo hacen contra viento y marea.

Habiendo dicho esto, enumeremos los temas de las últimas 6 semanas: Terreno de Paitilla, Juan Hombrón, compra de radares y sobre precios, llegada de Noriega, etc. El paro de la semana pasada, de los trabajadores del proyecto de Construcción de las nuevas Esclusas, nuevamente fue un ejemplo de falta de profundidad en el manejo del tema por parte de los medios. No solo los reporteros, los conductores de programas, supuestos expertos y otros. Un afectado tiene la obligación de aclarar una información errada o sembrada con malas intenciones. Pero, el periodista tiene el deber de verificarlo y no repetirlo como papagayo, si no tiene los elementos que lo comprueben como cierto. No es que por qué equis persona lo dijo se asume como verdad absoluta.

Vuelvo a mis primeros planteamientos. No crean todo lo que ven, escuchan o leen en los medios, la mayoría es poco confiable, sin fundamento y tan pronto sea posible y bajen los ratings, el periodista se irá a otra cosa. Busquen otras fuentes educadas sobre el tema, lean, tengan un grado de escepticismo, escuchen a los que se oponen o tienen otras interpretaciones. Hay muchos intereses de por medio.

COMUNICADOR SOCIAL.