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26 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Fuego amigo

Los políticos panameños han aprendido una lección a través de la historia. Sus peores enemigos los tienen en sus propios partidos. En es...

Los políticos panameños han aprendido una lección a través de la historia. Sus peores enemigos los tienen en sus propios partidos. En estos momentos que vivimos, tres de los cinco partidos tienen graves confrontaciones a lo interno, debilitando sus opciones, sin tener siquiera que preocuparse por lo que hacen sus adversarios. Si vamos de los menos a lo más, comencemos con el Molirena.

El último reducto del liberalismo panameño continua en un debate interno por el interés de unos, liderados por su presidente Sergio González Ruiz, de fusionar el partido con CD, y el otro grupo tratando de mantener su autonomía y vida propia. En medio de esa lucha, los dirigentes del CD inteligentemente han diseñado una estrategia para fortalecer al grupo de los fusionistas, enviando al partido a figuras con liderazgo que simpatizan con el CD, pero a las que les han pedido que lleguen a través de la fusión, ayudando a González Ruiz, primero en la elección de nuevos delegados, nueva directiva y posteriormente, controlando la convención, que busquen nuevamente la fusión. En la estrategia no pueden perder, si no logran la fusión podrían igualmente dominar la dirección del partido y mantener la alianza más allá del 2014.

Luego tenemos el Partido Panameñista, partido que lidera quien aparece como el precandidato de mayor opción a la Presidencia de la República, Juan Carlos Varela. Aunque mantiene un liderazgo amplio en el partido, el rompimiento de la alianza molestó a muchos que laboraban en el gobierno y perdieron sus puestos, quienes aducen que Varela pudo dejar la Cancillería y mantener la alianza por unos años más, protegiendo a sus militantes en sus puestos de trabajo. La salida de la alianza fue inconsulta y muchos en las bases se han resentido. Ese hecho lo pretende capitalizar Mireya Moscoso, fundadora del partido y viuda del doctor Arnulfo Arias, quien lo presidió por casi 10 años. En la estrategia de Mireya, más que tomarse el panameñismo, podría inscribir un nuevo partido arnulfista, con el beneplácito, si no el apoyo, de la dirección del CD, que ve con buenos ojos la división a lo interno del partido de Varela. Mireya tiene experiencia inscribiendo partidos, es figura de aceptación a lo interno del panameñismo y podría atraer independientes que reconocen en ella la capacidad de haber dirigido al país.

Por último, el PRD. El partido aun más grande del país, pero donde los intereses personales y las ambiciones han desvirtuado el sentido torrijista y la propia ideología del partido entre los líderes del partido. Curiosamente en las bases encuentras el verdadero torrijismo y la lealtad a los principios y proyectos del partido, pero son bases en busca del líder que comparta con ellos esos sentimientos. La tragedia de haber endosado y patrocinado la existencia de 14 aspirantes a la Presidencia del país solo logró que sean 14 miembros dispuestos a desprestigiar a quien compita con ellos y diseñar campañas negativas contra sus rivales. A los ojos de terceros, esto logra proyectar un partido dividido y capaz de fraccionarse en cualquier momento. Los aspirantes a la candidatura presidencial, como los otros aspirantes, deben mantener un pacto de ética interna, que evite la campaña sucia que desprestigia adversarios, porque de paso afectan la imagen del partido. Un partido que salió de las primarias del 2008 y de las elecciones del 2009 con una imagen de partido dividido y donde privaban las peleas internas y que se trata de proyectar ahora la unidad que siempre caracterizó al PRD de otrora. Solo si ellos entienden que no pueden seguir denigrando a compañeros, podremos proyectar la imagen de unidad que logre presentar al partido como el de mayor opción.

Lamentablemente, hoy el anonimato que permiten las redes sociales hacen más fácil las campañas negativas y sucias. Por el Twitter, correos electrónicos y hasta en Facebook se presentan elementos para desprestigiar a adversarios. Curiosamente, el panameño cree más en los anónimos que en aquellos mensajes de personas reales. Pocos han leído o comprendido el mensaje de la Biblia, donde un Saulo (Pablo) pudo ser cobrador de impuestos de Roma, perseguidor de cristianos y luego santo. Me imagino que si San Pablo se hubiese convertido en Panamá nadie lo hubiese seguido por su pasado. Acá, escuchan el mensaje, pero desprestigian al mensajero, por lo que le restan toda importancia al mensaje al final.

Para los partidos políticos, hoy día el mal de los países, la falta de líderes con liderazgo, parece ser la tónica. Se llega a presidir el partido, se llega a dirigirlo por elección democrática, pero se cuestiona inmediatamente su liderazgo y legitimidad. Hoy, el Molirena y el PRD parecen sufrir de falta de liderazgo en sus cúpulas, mientras comienza a desprestigiarse la del panameñismo. La propia sociedad civil carece de líderes reales y muchos cuestionan la legitimidad de los que se han autoproclamados voceros sin ver detrás de ellos ninguna organización coherente. El panameño de hoy prefiere escuchar y creer a los que coinciden con su posición, pero pocos realmente lideran a esa gran masa independiente.

El país ha caído en un gran vacío de liderazgo, donde los problemas diarios de costo de vida e inseguridad son solo discursos vacíos de soluciones de parte de gobernantes y opositores. Al ver hoy a un político en un programa de radio o TV es casi predecible su discurso, dependiendo de si defiende o ataca al gobierno. Faltará ver si antes del 2014 aparece un líder.

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.