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16 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Seguridad

S eguridad es el conjunto de normas preventivas y operativas que se aplican, mediante un procedimiento por el cual se utilizan mecanismo...

S eguridad es el conjunto de normas preventivas y operativas que se aplican, mediante un procedimiento por el cual se utilizan mecanismos que garanticen un buen funcionamiento para el logro de la tranquilidad avalada a favor de los bienes y la vida, ajenos al riesgo y estricta protección frente a las carencias y peligros externos que afecten la calidad de vida, en particular y comunal.

Esta definición es una mezcla de pensamientos de algunos sujetos preocupados de lo que nos está ocurriendo en este mundo, en el cual nos despedazamos los unos contra los otros, vanamente apoyados mediante procedimientos, programas, sistemas altamente elaborados, y sofisticados equipos de seguridad y de protección, orientados con el objeto de neutralizar, minimizar y controlar los efectos de actos ilícitos o situaciones de emergencia, que afecten y lesionen a las personas y los bienes que estas poseen, como una seguridad personalizada.

Podríamos concebir una larga lista de personajes que han sucumbido ante la muerte provocada, a pesar de todo el esfuerzo derrochado en garantizar la seguridad física. No importa la cantidad de guardianes, dispositivos o tecnología, siempre existe un alto grado de vulnerabilidad o el momento preciso, que los contrarios aprovechan para llevar a cabo certeros ataques, claro que algunos grupo entrenados pueden ofrecer mejores métodos con altos costos, pero nada más tenemos que voltear la mirada a la historia para vivenciar ejemplos circunstanciales que han echado por tierra todo el andamiaje de seguridad, con la sonada derrota.

La seguridad individualizada se logra basado en el estudio del comportamiento humano, más la provisión de acciones de protección frente a las debilidades y peligros externos que afecten negativamente, la calidad de vida en particular y familiar en esa eterna lucha entre los niveles sociales. Sabemos que la vida está llena de riesgos accidentales y otros provocados y actuamos por emotividad y proyecciones para minimizar dichos riesgos con una serie de reglas preventivas, sin que por ello nos podamos sustraer de los imprevistos o los actos circunstanciales que puedan provocar embarazosas situaciones.

Tenemos valoraciones alcanzadas por la experiencia. Esto nos obliga a la utilización de criterios con los que podemos determinar los grados de seguridad a los que podemos arribar si se siguen al pie de la letra las recomendaciones. El término seguridad suele utilizarse para hacer referencia al conjunto de medidas y políticas públicas implementadas para guarecer a la población del sufrimiento de delitos, en especial de aquellos que pongan en riesgo la integridad física o en general la seguridad integral de una persona, su familia o la entidad que representa.

Si logramos proteger el medio en el que nos desenvolvemos, alcanzamos márgenes de tranquilidad, como puede ser una buena iluminación en el ambiente en el que nos movemos. Si vamos hacia la aglutinación de personas, se empieza con una selección del lugar, las vías de entrada y desalojo, aparte del marco jurídico con el que se pueden bordar las pautas de un entendimiento razonable para alcanzar un máximo de convivencia, y de este modo, arbitrar los conflictos que dimanen de malos entendimientos, y a la vez, lograr un marco para estipula puniciones a los transgresores. En este sentido, con leyes debidamente actualizadas, podemos considerar los problemas en el preciso momento en el que se plantean las diferencias.

En la media que se puedan desarrollar de manera ordenada y a satisfacción para luego poder aplicarlas debidamente, al extremo de alcanzar niveles de satisfacción generalizada en los que se sienta que se logre controlar a los transgresores, sin el menor atisbo de corrupción o favoritismo, en el que se alcancen los niveles de seguridad pública y la confianza de poner las reglas del juego igual para todos. No hay nada peor que perder la certidumbre en la debida aplicación de la ley para todos por igual.

Observamos cómo se organizan séquitos para transportar a personajes que al final se sienten más apresados que el resto de la sociedad, o cómo fabricamos fortalezas en cada casa para aislarnos en un vano intento de resguardar bienes o la vida. Una y otra vez los sistemas de protecciones comunes resultan vulnerables ante la sagacidad o el ingenio de algunos que logran arrancarnos los bienes y la vida, esto sin descontar los accidentes por la torpeza de los que conviven sin guardar las reglas de seguridad en su comportamiento.

Tenemos que alcanzar el bienestar común, con un desarrollo aplicado a la mayoría, porque no hay nada que debilite más ese estado de equilibrio social, que la brecha entre algunos que lo tienen todo y aquellos muchos que no tienen nada. Por supuesto que esto parece desfavorecer los elementos esenciales para lograr el comercio entre los hombres. Casi podemos afirmar que todas las guerras son precedidas por las ambiciones entre los grupos asociados, los que tratan de imponer algún sistema social determinado, la garantía de poder comerciar con ventaja y aprovecharnos de los beneficios que emanan de las debilidades. La tecnología juega un papel de gran importancia en estos rejuegos.

No podemos aislarnos del resto de los asociados. El mejor ejemplo de esta aseveración está al exhibir como una reliquia histórica a la gran muralla china, sin descuidar que en esta gran lucha, dentro de poco, el agua costará mucho más que el petróleo y en cuanto a seguridad, no crea a los badulaques que dicen garantizarla como escoltas.

ABOGADO Y DOCENTE EN LA MATERIA.