Temas Especiales

18 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Se aplica en Panamá fórmula del 1%-99%?

A parentemente fue un economista italiano quien consideró más apropiado dividir la sociedad entre un 20%, que según él, genera activamen...

A parentemente fue un economista italiano quien consideró más apropiado dividir la sociedad entre un 20%, que según él, genera activamente la producción, y el otro 80% que participa minoritariamente en la actividad económica. Por cierto que en el 80% cabrían muchos políticos teóricos que nunca han sentido la necesidad de enfrentar el pago de una ‘planilla’ de empleados propios.

También en la Europa del Renacimiento se llegó a dividir la población entre aquéllos que tenían empleados a quienes dirigir... y quienes no. Al respecto, nos ha llamado siempre la atención que la antigua e impresionante cultura china pareció estancarse en su evolución, precisamente, para la época en que Europa surgía después de la Edad Media.

Entre las explicaciones dadas a este respecto, se afirma que en China, capaz de producir inventos como la brújula, el papel y exquisiteces artísticas diversas, sus jóvenes más brillantes y prometedores tenían como máxima aspiración formar parte del andamiaje burocrático cuya cúspide la constituía la pléyade de servidores del emperador.

Para quienes ven la libertad política como el antecedente natural y hasta el reverso de una misma moneda, en la cual la libertad económica representa el punto de partida hacia un ilimitado crecimiento técnico-científico, económico y cultural; el problema dejó de ser entonces la mayor creación de riqueza, para transformarse en la mejor distribución de la misma. Para nosotros, solo el avance de toda la sociedad, incluidos el 99% o el 80% clásicos, es garantía del progreso continuo de los pueblos.

Hoy, se discute si lo anterior es cierto para EUA, justamente después del siglo llamado también ‘The American Century’. ¿Es esto cierto en Europa toda, la del Norte escandinavo y el Sur mediterráneo? ¿Acaso el gran despegue de la China actual solo se inició en el momento preciso cuando, para combatir increíbles niveles de pobreza, se dio curso a la inversión privada externa e interna? Y, hacia el futuro (tanto en USA, China, Europa y todas partes) ¿habrá que cuidar conscientemente a la proverbial ‘gallina de los huevos de oro’? ¿Y acaso en igual forma, el 1% que mayormente cosecha y colecta los huevos de oro, debe necesariamente contribuir con impuestos sobre la nueva riqueza al bienestar del 99% restante de la sociedad? ¿Acaso no es el apoyo mutuo de los diferentes sectores lo que garantiza el crecimiento sostenido del todo?

Así se podría explicar por qué la democracia llegará a ser universalmente a la vez política y económica, con su secuela de derechos humanos y tolerancia a las ideas.

¡No basta con cantar patrióticamente nuestro bello himno nacional ni tampoco participar en elecciones nacionales cada cinco años! Y si este es el caso, ¿qué podemos hacer —positivamente y sin demagogia electorera— para mejorar este país nuestro, cuyo bienestar casi todos deseamos?

En la extrema izquierda y en la extrema derecha nos dirán que nuestra premisa es falsa, pues pocos deseamos realmente el bien común. Para la extrema izquierda, ‘los potentados’ generalmente sólo aspiran a mantener su status, sin preocuparles el polvorín de violencia y terrorismo que amenaza hasta eliminarlos en un desenfreno revolucionario como el de la Revolución Francesa. Y para la extrema derecha, a lo único que aspiran muchos de los radicales de izquierda (y sin control legal alguno, por supuesto) es en transformase ellos en los benefactores de los mismos privilegios, como miembros de la Nueva Clase.

Afortunadamente, es mucho lo que podemos hacer. Permítasenos, pues, algunas ideas. Así, a nivel privado, podemos crear fundaciones para facilitar los estudios académicos y técnicos por parte de estudiantes con recursos limitados, pero que han demostrado deseos de superación. Empresas privadas dedicadas a la industria y al comercio pueden ofrecer trabajos de medio tiempo, como aprendices y ayudantes, a estos estudiantes.

Es de esperar que, tras el conocimiento adquirido en la actividad económica, las empresas patrocinadoras podrían luego ofrecer trabajo a muchos de estos estudiantes-aprendices. Ello redundaría en beneficio de ambas partes, pues los empleadores adquieren un conocimiento previo hasta del carácter de quienes posteriormente necesiten contratar como empleados de tiempo completo y hasta asociados. Y muchos de los recién graduados no solo se quedarían con ‘un diploma debajo del brazo’.

Por otra parte, a nivel comunitario, resulta factible que los clubes cívicos que funcionan en las distintas áreas, y los egresados de los diversos colegios, puedan facilitar la compra de por lo menos dos computadoras, para fines de investigación, al servicio de los bibliotecarios de cada colegio.

Al nivel del gobierno nacional, gracias al crecimiento favorable y sostenido de la economía, tanto en el presente como en el futuro previsible, pudiera crearse un programa especial para que los estudiantes de todos los niveles económicos participen en labores sencillas de mantenimiento, reparación, aseo y embellecimiento de los locales escolares. Ello sería un antídoto contra el vandalismo y ayudaría a la seguridad de esos locales escolares, al mismo tiempo que representaría una lección perecedera de civismo y ayuda a la comunidad.

He bosquejado estas ideas, porque creo firmemente que mis compatriotas —tanto los del 1% como los del 99%— rechazan los dos postulados expuestos por ambos sectores extremistas, pero minoritarios de la sociedad, quienes inconscientemente, y a veces muy conscientemente, sólo contribuyen a fomentar el odio y el desasosiego. Medidas como las que sugerimos, ayudarían en el presente, y sobre todo en el futuro, a zanjar la enorme brecha entre los que más y los que poco tienen, lo que en el caso panameño es una peligrosa aberración, al mismo tiempo que un veneno social, totalmente inaceptable en el plano moral.

AUTOR DEL LIBRO ‘LA DEMOCRACIA ENJUICIADA: ALEGATO DE LA DEFENSA’.