26 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Diarios de viaje, de A. Schopenhauer

Los Diarios de viaje de 1800, 1803 y 1804 —que se publican por primera vez en castellano— reflejan las variadas experiencias del niño y ...

Los Diarios de viaje de 1800, 1803 y 1804 —que se publican por primera vez en castellano— reflejan las variadas experiencias del niño y el adolescente Schopenhauer en su primer contacto con el ancho mundo: Alemania, Holanda, Francia, Inglaterra, Suiza, Austria: visitó innumerables museos, contempló célebres monumentos y paseó por espléndidos jardines.

Respiró la atmósfera de las grandes ciudades con sus tráfagos y ajetreos: Ámsterdam, Londres, París; soportó las inclemencias del tiempo recorriendo en coche de caballos por las más variopintas regiones; lo sobrecogió la sublime hermosura de los Alpes; subió montañas y trabó relación con gentes de todos los estamentos sociales.

Turista instruido, cuando el turismo era un lujo y una prioridad cultural de las clases adineradas; viajó para aprender y ello le ayudó a pensar mejor, con la mente despejada, abierta y clara. Los interesantes diarios de aquellos primeros viajes no contienen textos filosóficos, pero sí testimonios de unos días plenos de experiencias vitales para Schopenhauer, sin las cuales habría sido vana su posterior filosofía.

El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) fue el padre del pesimismo filosófico; ‘la vida es sufrimiento’ es su aserto más celebre. Se le recuerda como el pensador malhumorado y, para quienes desconozcan su biografía, suponer que sufrió mucho sería lo más lógico. Sin embargo, Schopenhauer no tuvo una vida trágica; en nada se asemejó, por a un Nietzsche camino de la locura, ni a un Wittgenstein descreído y en perpetua lucha contra sus pasiones. Llevó una vida sin grandes incomodidades y lo más parecida a la de un reposado rentista amante de la costumbre.

PROFESOR EMÉRITO DE UCM.