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30 de Ene de 2023

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Tomás Borge Martínez

E scribir sobre Tomás Borge Martínez, no es difícil, si uno lo mantuvo como paradigma viviente de todas las revoluciones que se dieron e...

E scribir sobre Tomás Borge Martínez, no es difícil, si uno lo mantuvo como paradigma viviente de todas las revoluciones que se dieron en el siglo XX, sobre todo en Latinoamérica y en especial en Centroamérica.

Su fuerte talante revolucionario, marxista-leninista, guerrillero, parlamentario, diplomático, escritor y sobre todo poeta, marcaron su brillante peregrinar por este mundo, siempre enamorado de la vida y de ser revolucionario, persistentemente leal a sus principios y defensor de la verdad y de la amistad, hoy nos deja en esta lucha inconclusa que alguien deberá terminar.

Tomás, junto a Carlos Fonseca, Francisco Buitrago, Jorge Navarro, Silvio Mayorga, Benito Escobar, Santos López, Pablo Úbeda, Noel Guerrero y Germán Pomares, crearon el siempre combatiente Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), quienes desde el 19 de julio de 1979 entran en Managua, dando comienzo a la denominada Revolución Sandinista.

Borge se hace cargo del Ministerio del Interior (institución a la que se subordinaban la Policía Sandinista, el Sistema Penitenciario, Migración y Extranjería, Dirección General de la Seguridad del Estado y Bomberos), cargo que mantendría hasta la perdida de las elecciones presidenciales de febrero de 1990.

Allí creo los Consejos de Defensa Sandinista, CDS a semejanza de los cubanos CDRs y de los actuales Consejos del Poder Ciudadano, fundó las cárceles de régimen abierto, donde los prisioneros estaban sin custodia y sin reja, y la cárcel de mujeres ‘La Esperanza’, novedad en Nicaragua.

Entre 1997 y 2002 es miembro del Parlamento Centroamericano, Parlacen; desde el 2001 es miembro de la Asamblea Nacional y en el 2007 es nombrado embajador de Nicaragua en Perú, cargo que desempeño hasta su muerte.

Como escritor ha publicado varios libros, entre ellos ‘La paciente impaciencia’, ‘Un grano de maíz’ y ‘La ceremonia esperada’.

Tomás Borge Martínez mantuvo su coherencia ideológica y su compromiso de lucha hasta su muerte. Siempre será recordado por estas sencillas, pero sediciosas palabras: ‘Me siento orgulloso de seguir siendo sandinista, de seguir siendo fiel a la bandera rojinegra de nuestro partido, de seguir siendo fiel a nuestra organización revolucionaria; y morir orgulloso de tener la frente levantada, y no haber sido desleal con mis principios, ni desleal con mis amigos, ni con mis compañeros, ni con mi bandera, ni con mis gritos de combate’.

Para todos los beligerantes latinoamericanos, Borge fue y será un cercano amigo, en su calidad de revolucionario y símbolo de la inclaudicable lucha en la búsqueda de la justicia, la equidad y la solidaridad en toda América Latina.

ECONOMISTA