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24 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Caos social, en tono de ópera...

La cuña publicitaria contra el vicepresidente Varela, y el tácito aval del presidente, quien más bien le pide la renuncia, son únicos aq...

La cuña publicitaria contra el vicepresidente Varela, y el tácito aval del presidente, quien más bien le pide la renuncia, son únicos aquí y posiblemente a nivel mundial. No hay a quién confiarle la paz social; a los que pagamos por hacerlo, son parte de la riña tumultuaria que presenciamos.

De aquí en adelante los insultos mutuos tendrán el calibre que la irresponsabilidad ética que es la tónica del día, les otorguen. El Órgano Ejecutivo —con un mandatario que subió a su sitial con un récord nacional de votantes a su favor, más por rechazo de la otra opción que por méritos propios— ya no se mide en irresponsabilidades. Si él y Varela se odian, luego de haber andado tomaditos de la mano, ambos deben respetar sus cargos. En ocasiones ‘hay que actuar como caballeros, aunque no lo sean’. La majestad del cargo debe sobrepasar sus bajas emociones. Se está abriendo prematuramente una trocha violenta hacia un caos social que estamos viendo cómo se inicia, pero solo Jeremías, Isaías, Ezequiel, que ya murieron, pudieran predecir cómo termina. ¿Cuántos serán los muertos y heridos, física y moralmente, de esta fecha al 2014? El pronóstico es incierto, y parece iniciarse la batalla política más denigrante que se tendrá desde la posinvasión.

Los otros dos órganos del Estado lamentablemente no tienen respuestas morales, para tratar de conciliar. Sufren del mismo virus que les tose por sus narices recalentadas el Órgano Ejecutivo. En la cafetería de un supermercado Riba Smith, me comentaba un educador jubilado: ‘¿A qué maestro o maestra se le ocurre, como décadas atrás, llevar a sus niños de excursión al Palacio Justo Arosemena para que conozcan los Padres de la Patria, si hoy más bien eso está lleno de ‘padres de la plata’?’. Me hizo cavilar su ironía; tiempo atrás, apenas adolescente, yo buscaba en ‘La Hora’, la columna diaria ‘Desde el Hemiciclo’, únicamente para leer, admirado, la dialéctica fogosa y combativa de los Jorge Illueca, Carlos Iván Zúñiga, Homero Velásquez. La admiración por esos parlamentarios y otros, se derramaba. Hoy, a pesar de que conozco diputados serios y responsables, mirar hacia ese parlamento se hace más bien como para ver la tanda circense del día; los payasos y sus parodias. ¿Nos merecemos los panameños esta realidad bochornosa?

¿Qué decir de nuestro Órgano Judicial? La gran mayoría de jueces y funcionarios, igual que de fiscales, es gente decente, que cumple su trabajo. Pero, ¿se respeta íntimamente a los altos magistrados de la Corte Suprema? Hay que buscarlos con pinzas; pero existen. Pero, como en todo el tema de ‘imágenes públicas’, las corporaciones son medidas a nivel global. Nada hay que inventar, están las encuestas, no de ahora, de años hacia acá, producto del presidencialismo verticalizado, que ha podrido las raíces de la justicia. La pobre no solo está ciega, no por ser la mujer imparcial, sino de vergüenza, manca, muda, sorda. Además, como para no comprender que al alejarse de los postulados de Montesquieu, puede ocurrir que muera Sansón con todos los filisteos, como en los tiempos del preso importado de París, que hoy resguardan.

Tenemos Gobierno, tenemos País, tenemos Geografía, Población, Lengua, Cultura, hasta nos decimos ‘República’, pero no existe un Estado Nacional, en Derecho Legítimo. Soltadas las amarras del Wisconsin y los otros acorazados gringos, apenas 12 años atrás, aun somos una caricatura de Nación. Debemos provocarles carcajadas burlonas a algunos embajadores de países realmente desarrollados en civismo y democracia.

Martinelli y Varela, si el último no se acuclilla, tienen que verse las caras un rato largo, sino en los Consejos de Estado —donde el segundo debe ir por Ley—, en fiestas diplomáticas. ¿Podrían recrearnos más con un par de trompones públicos para romper el récord Guinness?

Eso sí, que nos regalen una telenovela más jocosa que la ópera para Lavitola. Como ambos ya saben algo de italiano, el uno puede ser tenor y el otro barítono, y el que tenga mejor navaja, representará al Fígaro de Rossini y Sterbini. Según sean los insultos que están por venir, hay roles suficientes, el de Bartolo o el de Basilio. Al menos, que nos permitan asistir todos a la Scala de Milán y que podamos condecorar honrosamente al brillante benefactor de Panamá, monseñor Lavitola. ¿No es mejor para la salud, participar de la comedia?

ABOGADO Y MILITAR RETIRADO.