Temas Especiales

24 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Actualización: algo de justicia

A lgunos párrafos de este artículo fueron publicados el año pasado; pero, a la luz de nuevos acontecimientos, merecen ser recordados. Ha...

A lgunos párrafos de este artículo fueron publicados el año pasado; pero, a la luz de nuevos acontecimientos, merecen ser recordados. Hay historias ocultas que nunca sabremos. Hay páginas específicas de eventos que permanecen veladas. Algunas que tuvieron repercusiones inimaginables en el rumbo de muchos acontecimientos. Muchas situaciones cruciales para el desarrollo o sometimiento de los pueblos a lo largo de los tiempos que los actores prefieren no divulgar.

No me refiero a esas que uno pudiera imaginar o deducir. Hablo de las que no dejaron huellas por ninguna parte: menciones explícitas que aclararían asesinatos no resueltos y exaltarían los amores más entregados. Amores clandestinos que fueron hermosísimos: grandes felicidades para los que las vivieron. Asesinatos que fueron horrendos. Trueques, abandonos, traiciones, desapariciones que produjeron profundas tristezas; que se fueron como secretos hasta las tumbas. Pero no sabemos a ciencia cierta cuál es el porcentaje de los que logran vencer las oscuridades del silencio y se asoman para reordenar la historia.

El periodista Alexie Barrionuevo publicó en el New York Times el 8 de octubre pasado un reportaje que relata la historia de Victoria Montenegro de 35 años de edad, quien había crecido como María Sol Tetzlaff, hija del coronel Hernán Antonio Tetzlaff. En el 2011 el coronel Tetzlaff fue condenado a ocho años de cárcel por el juez federal de Argentina Roberto Marquevich por ‘retener y ocultar’ a la hija de los desaparecidos Hilda Torres y Roque Orlando Montenegro, a quienes Tetzler había asesinado. María Sol, o Victoria, dijo que, quien ella creía su padre le confesó en el año 2000 lo que había hecho, Tetzlaff murió en el 2003.

El diario digital ‘Pagina12’ señaló en su edición del 9 de noviembre pasado, que ‘Según la falsa partida de nacimiento firmada por Juan Carlos Zucca, María del Carmen Eduartes —esposa del represor— dio a luz el 28 de mayo de 1976. Pero los análisis de sangre realizados en el Banco Nacional de Datos Genéticos demostraron que ese parto nunca existió y que la supuesta hija de Tetzlaff era en realidad Hilda Victoria Montenegro, que nació el 31 de enero de 1976 y fue inscrita por sus padres el 10 de febrero de ese año, poco antes de que toda la familia fuera secuestrada’.

Secretos e historias ocultas como esta, no pudieran haber sido conocidas o reveladas sino fuera por la búsqueda incesante de madres, padres y abuelas con el apoyo y la participación activa de organismos internacionales y de la sociedad civil. En el caso de Argentina, como señaló ‘Página12’, el proceso de Victoria Montenegro ‘inició el 29 de enero de 1988, cuando las Abuelas de Plaza de Mayo denunciaron que Tetzlaff tenía una niña que podría ser hija de desaparecidos’.

Por otro lado, los conjuros y las conspiraciones de esta historia es una de más de un estimado de 500 casos de bebés desaparecidos durante la dictadura militar argentina entre 1976 y 1983, en donde 11 exoficiales del régimen de Videla, incluyéndolo a él, están acusados de ‘liderar el esfuerzo de quitarle los bebés a madres detenidas en centro clandestinos, para entregárselos a oficiales militares y de seguridad con la condición de que los nuevos padres escondieran su identidad real’, según reporta el Times. Siempre me pregunto cómo algunas personas, con perfiles democráticos y de decencia, sucumben a la complicidad; a la larga quedando involucrados en crímenes tan horrendos y deleznables como estos, promovidos y ejecutados en muchos casos desde el poder.

Esas conspiraciones involucraron a la Iglesia argentina, como lo señaló Adolfo Pérez Esquivel en septiembre pasado en el juicio de los militares acusados: ‘Sacerdotes y obispos en Argentina justificaron su apoyo al gobierno bajo preocupaciones de seguridad nacional y defendieron el robo de bebés como una forma de asegurar que no fueran ‘contaminados’ por enemigos izquierdistas de los militares’.

Los medios internacionales informaron este pasado jueves sobre la condena a prisión del exdictador argentino Jorge Rafael Videla. Una de las notas publicadas señaló que ‘El Tribunal Oral Federal 6 de Buenos Aires dictó una sentencia histórica en el primer proceso donde se debatió si hubo un plan sistemático para la apropiación ilegal de bebés durante la última dictadura militar en la Argentina’.

Videla, quien ya tiene varias condenas por delitos cometidos durante su gestión, fue condenado a reclusión perpetua al unificarse la pena de 50 años a otras sentencias por crímenes de lesa humanidad. También fueron condenados otro expresidente de facto, Reynaldo Bignone, quien recibió una pena de 15 años de cárcel; el exresponsable de la Escuela de Mecánica de la Armada (el mayor centro de detención clandestina durante los años de la dictadura), Antonio Vañek, quien recibió una pena de 40 años por la sustracción de diez menores; Jorge ‘Tigre’ Acosta (30 años), Santiago Omar Riveros (20 años) y Juan Antonio Azic (14 años).

Es probable que hayan visto esta nota y rápidamente pasaron a otra cosa. Pero la señalo y vuelvo a lo publicado el año pasado, porque me parece espeluznante todo el asunto del robo de niños de adversarios. El ejercicio que los convido a hacer es la de tomarse un momento a solas, en total silencio, mediten sobre lo que puede representar no saber dónde está un hijo... para siempre. ¿Qué hace el poder, la soberbia del poder y hasta dónde son capaces de llegar los que abusan?

COMUNICADOR SOCIAL.