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25 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Degeneración del capitalismo

L eía hace poco que ‘Para definir el capitalismo es necesario definir sus principios básicos, ya que no existe un consenso sobre su defi...

L eía hace poco que ‘Para definir el capitalismo es necesario definir sus principios básicos, ya que no existe un consenso sobre su definición. Generalmente, el capitalismo se considera un sistema económico en el cual la propiedad privada desempeña un papel fundamental. Este es el primero de los principios básicos del capitalismo. Se incluyen también dentro de éstos la libertad de empresa y de elección, el interés propio como motivación dominante, la competencia, la importancia del sistema de precios o de mercado y un reducido papel del gobierno’.

Bajo esos principios capitalistas, el mundo occidental fue desarrollando su economía, sistema de gobierno y desarrollo social. La empresa privada era el nervio y motor del desarrollo, de la productividad. El mundo vio el surgimiento de los grandes países desarrollados en el modelo capitalista, mientras los países bajo el comunismo y el socialismo parecían más bien condenados al fracaso en su intento de desarrollo. Pero, aunque el capitalismo resultó favorable al desarrollo de muchos, en otros fue degenerando en una diferencia abismal entre las clases sociales. El sistema inicial no contemplaba ni la justa distribución de la riqueza, ni el compromiso del desarrollo social.

Lamentablemente, el capitalismo fue cayendo en lo que muchos consideraron era un capitalismo salvaje, donde lo que cuenta es el dinero, la riqueza no importa como se obtenga ni de donde venga. Un capitalismo que hizo a naciones poderosas explotar la riqueza de otras, dejándole al verdadero dueño de los recursos naturales muy poco y llevándose la riqueza para sus países. Un capitalismo salvaje que hizo que los ricos buscaran más riqueza a costa de los pobres que se hacían más pobres. Un capitalismo que hizo caso omiso a la protección ambiental y de los recursos naturales, procediendo a extraer la riqueza sacrificando el ambiente.

Hoy, el peor enemigo de nuestro país ha resultado el capitalismo salvaje. Por generar riquezas estamos permitiendo concesiones que atentan contra la renovación de nuestros ríos, nuestros bosques, nuestra calidad de vida. Hemos convertido la capital en una ciudad agresiva, una selva de concreto, donde es imposible ya recibir las aguas naturales de los aguaceros, porque no tiene cómo filtrarse a la tierra, donde el tránsito es imposible, donde la belleza arquitectónica del pasado ha ido desapareciendo en Bella Vista, la Exposición, el Casco Viejo, reemplazada por los modernos y altos edificios.

Igualmente, nuestra población ha ido abandonando paulatinamente valores de ética y moral, reemplazados por la ambición de poseer riquezas y bienes. ‘Dime cuánto vale y te diré cuán inteligente eres’. O, en otra forma, ‘¿si eres inteligente, por qué no eres rico?’. Y ese respeto a la riqueza, donde los adinerados son los honorables, los don, los notables, ha permeado para que desde las capas más bajas surjan nuevos delincuentes buscando riqueza para ser respetados, solo que a falta del camino honrado y lento buscan el rápido y delictivo, donde con el tráfico de droga, los secuestros, el blanqueo de capitales, se enriquecen y empiezan a mostrar y ostentar su riqueza, señal de éxito.

Panamá ha seguido la evolución del capitalismo. Gracias a la doctrina de la Iglesia sobre la Justicia Social, finalmente algunas empresas han iniciado programas de responsabilidad social, con fundaciones o bien directamente, claros ejemplos Felipe Motta e Hijos con Huellas, El Campeón directamente, COPA, Banco General y otras muchas. Inclusive el cambio parecía llegar a los políticos y la campaña del 2009 los programas trajeron mucho de ayuda social donde este gobierno ha sobresalido con 100 a los 70, beca universal, útiles y libros gratis, computadoras a los estudiantes, Internet gratis, etc. Pero la grave distribución de la riqueza ha continuado y se ha agravado, definitivamente el capitalismo no tiene intrínsecamente cómo reducir la brecha, se requiere una dosis de socialismo y solidaridad para mejorar la diferencia.

El problema está en encontrar la fórmula perfecta de capitalismo/socialismo que permita generar un sistema que logre que la riqueza producida no quede beneficiando a unos pocos, donde se dé realmente una distribución de la riqueza que llegue a los más marginados permitiendo así mismo beneficiar justamente a los que más tienen, pero que invierten para generar más.

El problema de nuestros tiempos es que nuestras grandes inversiones en investigación están destinadas a mejorar la tecnología, la ciencia, la medicina, pero no invertimos para generar nuevas corrientes económicas de desarrollo y ni siquiera para descubrir nuevas formas de gobiernos más democráticos.

Qué valioso sería un conclave de politólogos para discutir las fallas de las democracias latinoamericanas y diseñar un nuevo sistema de gobierno que corrija los errores del pasado y evite caer en los mismos. O una reunión de economistas que estudie una manera más práctica y efectiva de lograr una mejor distribución de riqueza en nuestros países. Estamos condenados a que cada ciertas generaciones los pueblos se rebelen por las injusticias sociales y económicas iniciando o golpes de Estado o luchas de liberación.

Pero, si no aceptamos los problemas jamás los resolveremos. Dos realidades en este inicio del siglo 21 son el fracaso del modelo capitalista para el desarrollo, y el fracaso de nuestros sistemas democráticos en la política. Antes de insistir en un cambio constitucional, que es más de lo mismo, debemos estudiar a fondo los problemas inherentes al sistema actual y considerar copiar otro modelo o generar uno nuevo propio. Más de lo mismo solo nos llevará a profundizar el fracaso.

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.