Para Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), “una de las mayores restricciones que hoy hay para cumplir los acuerdos...
- 09/02/2026 00:00
La crisis de legitimidad y la salida Constituyente (VII)
Las diversas demandas políticas que, a lo largo de los últimos treinta y cinco años, ha hecho el pueblo como soberano que es, han sido ignoradas por los principales factores reales de poder, por la partidocracia imperante y, también por los burócratas sedientos de poder. Son ellos, también, los más atrincherados en negar la necesidad de un proceso constituyente que nos permita contar con una verdadera caja de herramientas al servicio del poder ciudadano.
Son los mismos que, por ignorancia o perversión política, o por seguir beneficiándose de la corrupción reinante, optan por la ceguera de olvidar que la Constituyente, más que una hecho o evento jurídico es un proceso participativo esencialmente político. ¿Por qué? Porque “la Constituyente tiene por único objeto resolver un gravísimo problema de carácter político: remplazar unas estructuras de poder que no corresponden con la realidad política y social de una Nación.”
El abogado Rodrigo Julio Molina G., en un artículo publicado en este diario el pasado viernes 6 de febrero, bajo el título Panamá: cuando el modelo democrático deja de responder, http://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/panama-cuando-el-modelo-democratico-deja-de-responder-OP19700860 destacaba entre otras verdades que:
“Panamá no enfrenta una simple crisis institucional; enfrenta una crisis de legitimidad. Persistir en negar esta realidad o maquillarla con discursos optimistas sólo profundiza el estancamiento. El país necesita una revisión profunda de su modelo democrático, una reforma real del aparato estatal y un compromiso auténtico con la transparencia y la rendición de cuentas.
Pero esta transformación no ocurrirá únicamente desde el poder. Requiere un llamado claro y firme a la ciudadanía: a exigir instituciones que funcionen, a rechazar la normalización de la corrupción, a no conformarse con la mediocridad administrativa ni con la injusticia selectiva. La democracia no se agota solo por el desgaste de sus instituciones, sino también por la resignación de sus ciudadanos.
Al igual que Molina, otros conciudadanos también conscientes de la crisis de legitimidad de la que está mortalmente enfermo el régimen político, desde la invasión para áca, comienzan aunque sea tímidamente a señalar la necesidad de una totalmente nueva Constitución, a través de la plena y democrática participación ciudadana.
Quienes aún a pesar de la crítica situación imperante, hablan de “respetar el marco del estatuto constitucional aun vigente” pero caduco, olvidan que -todas las estructuras del Estado- continúan en un mundo dónde, la fragilidad y la incapacidad es su característica principal y que ello coloca a la población en un estado de extremadamente peligrosa indefensión.
Recordemos que Maquiavelo en El Príncipe, definió el poder establecido como un Centauro en el que la parte humana representa la parte persuasiva, el factor legitimador del consenso social, mientras que la parte animal representa la parte coercitiva, represiva. Solo el Poder Constituyente nos evitará convertirnos en ciudadanos aislados, desprovistos del poder lograr la cristalización del poder ciudadano para alcanzar una Nueva Constitución a través de un proceso constituyente de plena participación ciudadana.