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27 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Clientelismo e hipocresía partidocrática

En el último año, diversos partidos han hecho denuncias de las prácticas contrarias a la democracia, conocidas como ‘clientelistas’. Es ...

En el último año, diversos partidos han hecho denuncias de las prácticas contrarias a la democracia, conocidas como ‘clientelistas’. Es el caso de las elecciones para escoger representante de corregimiento en el Bebedero de Tonosí, con la aparente compra de votos, aprovechando posiciones de poder del oficialista Cambio Democrático, denunciadas por la dirigencia nacional del PRD. (La Estrella de Panamá, 3/junio/2011).

También, es el caso de las migraciones interpartidarias de ‘diputados tránsfugas’, que en opinión del dirigente liberal republicano, Lisímaco López: ‘Han utilizado la franquicia del MOLIRENA para lograr sus intereses políticos, COMPRANDO a través de regalías a los nuevos miembros’. (La Estrella de Panamá, 16/julio/2012).

En realidad, se trata de una modalidad introducida a la vida política electoral por la clase empresarial de nuestro país, que le sirvió para derrotar la fórmula caudillista de Belisario Porras, en el año 1924. Esta práctica, establece mercados para la compraventa del voto, pero con ello rebaja a meras relaciones mercantilistas la participación del pueblo en las decisiones de cuál tipo de instituciones, país, leyes, municipio o corregimiento queremos en Panamá.

Además, en esta lógica de participación política nos encontramos con varios tipos de participantes: Unos(as), que entregan su voto a quienes les facilitan artefactos electrodomésticos o bolsas de comida o materiales de construcción o una beca para ‘estudios’ o hasta dinero en efectivo en las campañas proselitistas. Esto, comúnmente se observa en los barrios de menores y medianos ingresos, en virtud de que sus votantes potenciales miran el momento como una de las oportunidades de obtener bienes que comúnmente no pueden adquirir.

Otros(as), ejercen su participación votando por candidatos(as) que le garantizan mantener y hasta aumentar salarios actuales, como es el caso de funcionarios(as) con remuneraciones por sus servicios y además, con ingresos de jubilación. O bien, la continuidad de sus contratos eventuales.

Otros(as), lo que indica que la cosa no solo es entre los(as) pobres, ‘invierten’ en la campaña, porque esperan réditos jugosos con una candidatura que les promete tal cosa, sin importar si esa propuesta política significa retrocesos en las políticas sociales para las mayorías. Por lo general, estos aportan para que sus candidatos(as) cuenten con el recurso suficiente en el mercado de votos.

Lo irónico de este comportamiento clientelista es, que los(as) dirigentes de los (ya no tan diferentes) partidos políticos, dicen estar en contra del mismo, pero se aprovechan de él. Quieren desterrarlo, pero han sido cómplices en la instauración de leyes y mecanismos, que viabilizan que los(as) millonarios(as) tengan excesiva ventaja. Esto, gracias a su complacencia en la eliminación de mecanismos de participación no solo territorial, sino sectorial, en las decisiones sobre temas relevantes en lo local o nacional, para dejárselo a la ‘buena fe’ de los(as) candidatos(as) elegidos(as).

Por lo demás, cuando los líderes(as) de los partidos que denuncian el clientelismo luchen por ese tipo de participación más allá de la escogencia de candidatos(as), estaremos viendo un verdadero desmoronamiento de su actual hipocresía partidocrática.

*SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.