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25 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Plagio premiado

La lectura de las narraciones presentadas en el concurso de cuentos estudiantiles, cuyo tema versaba sobre el ambiente, provocó una ince...

La lectura de las narraciones presentadas en el concurso de cuentos estudiantiles, cuyo tema versaba sobre el ambiente, provocó una incertidumbre cuando dos de los trabajos coincidían, a pesar de que sus autores, escolares que cursaban el sexto grado, provenían de provincias diferentes.

En la sesión de discusión de los jurados del certamen, se presentó el caso y uno de los miembros del grupo, dijo haber confirmado que ambas obras, habían sido ‘bajadas’ de Internet e inscrito en la competencia como si fueran originales redactados por los jóvenes que las suscribían.

Las piezas fueron descalificadas y se enviaron cartas a los educadores coordinadores para comunicar esta irregular situación de plagio.

El tema alarma doblemente. Primero por el uso de la herramienta informática para una falta de esta naturaleza desde una escuela. En segundo lugar, por el acto en sí, que constituye una lesión a la ética y pone en entredicho la credibilidad de alumnos, de sus profesores y el modelo de educación que se imparte en las aulas del país.

Pero el asunto se hace más delicado cuando se conoce que no es la primera vez que ocurre este tipo de incidentes en la esfera cultural. Hace algún tiempo, hubo un evento similar en el concurso de cuentos infantiles que promueve el INAC y que fue descubierto porque el material copiado era de la autoría de uno de los jurados, a quien le pareció familiar el contenido del texto sometido a la consideración.

Este tipo de prácticas adquiere cada vez mayor nivel de presencia en diferentes escenarios. Un artículo periodístico publicado fue denunciado hace algún tiempo como una copia de un trabajo que envió un colega extranjero a Internet. También se ha reportado casos de profesores universitarios que toman escritos de sus estudiantes, no los devuelven y luego aparecen como propios.

El modelo se aplica hasta en ideas de campañas publicitarias tanto en el campo profesional, como en los claustros de enseñanza superior. Los chicos presentan proyectos, que luego aparecen como espectaculares propuestas de quienes les enseñan. En casi todos los casos los supuestos autores se hacen acreedores a reconocimientos o publicaciones que se basan en una conducta digna de vergüenza.

Las nuevas tecnologías y productos como las grandes bibliotecas virtuales del tipo de Wikipedia y otras semejantes, ha impulsado la utilización por algunos, de los escritos e ideas producidas por otras personas para apropiarse de sus contenidos. Preocupa que hasta en las tareas escolares, haya avivatos que extraen documentos, los presentan como originales y reciben sus calificaciones sin remordimiento.

Suplantar el titular de un escrito, composición y obra ajena, además de una falta se convierte en delito de derecho de autor, según la ley. Existen medidas y puniciones para quienes atenten contra los auténticos dueños de aquellas creaciones plagiadas y múltiples normas y organismos internacionales abogan, porque este ejercicio sea extirpado de la realidad cultural.

Hay una constante negativa que afecta a cualquier creador, no importa el ámbito. Surgen campañas publicitarias —sobre todo las propagandísticas— que retumban como eco, pues se transmitieron en otros países y luego aparecen adaptadas a temas locales; igual edificios mellizos de proyectos desarrollados en otras metrópolis.

Se requiere estimular un valor ético donde el enunciado ‘esto no puede hacerse, porque es ajeno’, sea un acicate contra las lesiones a este derecho. Es preciso analizar este fenómeno en todos los ámbitos y comenzar por la escuela, pues el vicio se verá reflejado luego en la vida profesional y hay que crear un estigma para los cultores de esta vergonzosa forma de imitar la creación de otros.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.