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28 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La búsqueda de la felicidad

Hoy he vuelto a hacer algo que hago desde niño, y que comparto con el lector. Cuando en mi vida apareció tempranamente la experiencia de...

Hoy he vuelto a hacer algo que hago desde niño, y que comparto con el lector. Cuando en mi vida apareció tempranamente la experiencia del mal, haciendo que la felicidad me ocultará su rostro, aprendí a escribir historias con el propósito de cambiar los desenlaces que no me gustaban, motivándome así a recordar siempre que otra realidad era posible, de mediar el concurso de voluntades con la adecuada intención. Hoy creo que los pueblos esperan que los políticos hagan lo que los niños suelen hacer muy bien, es decir, que contribuyan a la construcción de un discurso público que les brinde la esperanza de que, con el concurso de todos, podemos conducir a nuestra sociedad, por derroteros donde espera la felicidad.

Al menos en lo que respecta a la agenda de Naciones Unidas (ONU), esto ha dejado de ser un afán estético.

La Asamblea General de la ONU (AG ONU), asume el tema de la felicidad a través de la Resolución 65/309 del 2011, titulada ‘La felicidad: hacia un enfoque holístico del desarrollo’. Esta fue adoptada por aclamación, y reconoce que la felicidad es ‘un objetivo y aspiración universal’, que es ‘la manifestación del espíritu de los Objetivos de Desarrollo del Milenio’ (ODM).

Luego la Comisión de la Felicidad de la ONU, solicita al Earth Institute la elaboración de un Informe Mundial sobre la Felicidad.

Posteriormente la AG ONU establece, mediante Resolución 66/281 del 2012, que el 20 de marzo se celebrará el Día Internacional de la Felicidad, a fin de recordar que ‘la felicidad y el bienestar’ son ‘objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos de todo el mundo’, siendo algo que deben reconocer los Estados ‘en los objetivos de las políticas públicas’, señalando ‘la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos’.

Las iniciativas de Naciones Unidas buscan humanizar el desarrollo para hacerlo más sostenible, humano y holístico, pues tal y como diría el embajador de Bután ante la ONU, Lhatu Wangchuk, en su defensa de la resolución 65/309 presentada por su país ante la AG ONU: ‘Desde hace dos décadas, el pequeño reino del Himalaya apuesta por crear el índice de la Felicidad Interna Bruta (FIB), que trata de medir el grado de satisfacción de sus ciudadanos, con la intención de crear un nuevo sistema socio-económico cuyo progreso no se mida con el tradicional producto interior bruto... Para las autoridades butanesas, el desarrollo y la prosperidad medidos únicamente como acumulación de bienes materiales no sólo no aporta ninguna felicidad, sino que es el germen de todos los males que están llevando a la humanidad y a la tierra a su autodestrucción... Así creen que el desarrollo y la producción descontroladas agravan el cambio climático y destruye las reservas naturales, lo que acabará llevando a la humanidad a guerras más terroríficas que las del siglo XX por los recursos naturales, según han argumentado en distintas ocasiones’.

Es un ejercicio interesante a fin de construir sociedades justas, que abre preguntas respecto de si estamos ante un esfuerzo neo utilitarista por alcanzar la mayor felicidad para la mayor cantidad de personas. Externo mi reparo en torno a lo que el utilitarismo (Bentham) significa para el respeto de los individuos y las minorías, quienes pueden ver sus derechos sacrificados ante el propósito de garantizar la felicidad de las mayorías.

Me pregunto si este debate conducirá al nacimiento de un derecho humano a la felicidad, echando mano para ello de las normas internacionales sobre la paz, la seguridad, el estado de derecho, la democracia, los derechos humanos, derecho internacional, humanitario, refugio, medio ambiente y desarrollo sostenible así como de doctrinas como la seguridad humana.

Todo ello podría demostrar la existencia de un principio general de derecho o de una costumbre internacional en proceso de consolidación, que impele a fijarla en forma convencional. O bien puede que su consolidación se dé vía jurisprudencia o a través del trabajo de los Órganos de supervisión de tratados, muy probablemente los de derechos humanos. Veremos.

Por supuesto que esto puede revelar su potencial si miramos al pasado. Ahí está la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, en donde se expresó el sentir de algunos de los padres Fundadores de la Nación Americana: ‘Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales, que son dotados... de ciertos derechos inalienables, que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la felicidad’.

Con ello me pregunto si la lectura de la felicidad pueda darse en clave liberal, y así se le deba exigir a los Estados la creación de igualdad de oportunidades, que permitan a las personas buscar la felicidad.

Concluyo este escrito divulgativo, esperando plantear una inquietud, que brinde un elemento a considerar en el desarrollo de las políticas públicas que alguna vez pretendan brindar a todas las personas que conviven en nuestro amado país, la posibilidad de alcanzar la felicidad.

Ojalá, en un fuerte sentido etimológico, así sea.

ABOGADO Y ANALISTA POLÍTICO.