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02 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Navarro, más preguntas que respuestas

F ue su primera entrevista in extenso desde que se tomó la dirección del PRD. Pero estuvo plagada de generalidades. Quedaron más interro...

F ue su primera entrevista in extenso desde que se tomó la dirección del PRD. Pero estuvo plagada de generalidades. Quedaron más interrogantes que respuestas y muchas dudas. Dos proyectos de gobierno pugnan en el actual escenario político. El que pretende perpetuar Ricardo Martinelli, basado en el control sin límites del Estado para saquear sus riquezas, mediante la corrupción y el clientelismo, en el más consumado estilo mafioso. El otro, el que trata de contener esa marejada inmoral mediante el adecentamiento de la política y, con honestidad y transparencia, enderezar la gestión pública.

En sus respuestas, Juan Carlos Navarro no ensayó una sola propuesta de ética pública. Cómo va a combatir el clientelismo, si empleando ese método degradante se tomó la dirección del PRD.

Al plantear una política económica de austeridad y recortes, Navarro suscribió el modelo que tiene postrada a Europa. Se inscribió en lo que Paul Krugman denominó ‘la secta de la austeridad’, que recorta servicios públicos esenciales y programas sociales y que inflige sufrimiento al ciudadano. Krugman recomendó imponer impuestos a las empresas más ricas, no castigar a los pobres.

Pero Navarro no anticipó modificaciones a la perversidad tributaria, esa inequidad estructural que hace de la pobreza no un problema de crecimiento económico sino de distribución. Tampoco planteó cómo resolver el grave endeudamiento público. Las calificadoras de riesgo argumentan que la deuda es manejable porque tienen la mira puesta en el canal como garantía colateral. Pretenden reproducir el modelo de Grecia que privatizó sus islas para enfrentar la crisis financiera.

Al proponer su descentralización, Navarro sitúa la educación como un proyecto autonómico, sin la intervención decisiva del Estado. Es otra variante del discurso neoliberal que condena al ciudadano a que ni siquiera educándose pueda superar la pobreza.

Navarro no formuló propósitos en favor del proyecto torrijista que hace de lo social el centro de toda propuesta de poder político, económico, cultural y moral. Convirtiéndolo en una prioridad, es que podrá construirse una economía democrática, justa y plena de oportunidades para todos los panameños.

Sobre Panamá se ciernen amenazas asimétricas focalizadas en el crimen organizado, el lavado de dinero y el tráfico de armas para dominar territorio y crear estados paralelos. Por eso, en las circunstancias actuales, la descentralización municipal es impensable por el riesgo de que las autoridades locales entreguen el control territorial.

Esa lucha no se libra únicamente con mayor represión, ni aumentando las penas, como sugirió Navarro, sino con estamentos de seguridad y un sistema judicial depurados de la corrupción. Con la certeza de que no habrá impunidad. Darle más presupuesto al Órgano Judicial es un propuesta pueril. No tener juicio crítico sobre el Procurador General de la Nación, es sumergirse en el miasma que envuelve al sistema de justicia panameño.

El PRD no puede estar sometido a un tobogán de popularidad, que en un mes está arriba y el otro baja estrepitosamente, como acaba de reflejar la última encuesta publicada por La Prensa.

Pero la unidad, como la quiere dibujar Navarro, no es un tema cuantitativo por el solo hecho de haberse tomado la dirección del partido con una votación abrumadora. El pecado original está, precisamente, en la forma cómo se dio esa elección.

La unidad no puede proclamarse como un tema superado. No se construye con declaraciones ni en abstracto. Requiere de una conducta genuinamente democrática que reconozca y legitime la existencia de otras corrientes de pensamiento dentro del PRD.

Pero como están las cosas, el orden partidario se funda, no en un proyecto político colectivo, sino en una concepción personalista que considera como peligrosa la discusión abierta y el debate. ¿Cómo va a existir igualdad de oportunidades cuando las reglas, la calidad de la democracia interna, la representatividad política y la participación en el reparto del poder están manos de Navarro?

Ojalá que el valeroso testimonio de quienes no han doblado sus rodillas ante el ídolo del dinero, pueda servir de inspiración para redoblar esfuerzos en procura de un auténtico torrijismo dentro y fuera del PRD. Ese partido debería sumarse a los esfuerzos ciudadanos por respaldar las causas en favor de la honestidad política, la decencia democrática y por recrear las esperanzas de los panameños.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.