Temas Especiales

03 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¡Aprendamos de Colón!

Las ignominiosas y descaradas atrocidades a las que la ciudad de Colon, una vez más, ha sido sometida son otra indicación de la necesida...

Las ignominiosas y descaradas atrocidades a las que la ciudad de Colon, una vez más, ha sido sometida son otra indicación de la necesidad de que nuestra nación recapacite la dirección política, social, y moral en que, durante los últimos años, ha estado navegando.

Pienso que ¿lo que está ocurriendo en Colon puede ser la chispa que despierte en nuestros senos colectivos el reconocimiento de la necesidad de cambiar la ruta del barco panameño y encaminarlo hacia el puerto de la justicia, la democracia, y el respeto a los derechos humanos de todo panameño sin distingo de raza, religión, etnia, sexo y orientación sexual? Como se dice en buen panameño: ‘Amanecerá y veremos’.

¡Soy colonense! Mi padre, Alberto H. Russell, quien, en los años 40 y 50, residía en la calle 7 y avenida Bolívar fue uno de los fotógrafos predilectos de la ciudad. Mi primera enseñanza en ‘español’ fue en la Escuela República de Uruguay, siendo mi maestra de primer grado la profesora Ana de Ávila —casi 70 años atrás.

Subrayo esta realidad por que deseo sumarme al espíritu indomable de lucha que históricamente ha caracterizado al pueblo colonense y hoy vibra como una campana, llamando a nuestra nación a resistir los actos represivos de aquellos quienes desean ‘vender su patria’.

Me acuerdo de Mateo Iturralde, y Gaspar Octavio Hernández, quienes no vendían su patria y odiaban la cobardía. También de Pedro Prestan, de ‘Cocobolo’ y sus lugartenientes ‘antillanos’, quienes pagaron con sus vidas defendiendo los intereses de los istmeños, enfrentándose a la conspiración de Colombia y EE.UU.

Hoy, lloramos por los Colonenses, quienes también sacrificaron sus vidas. Me acuerdo de la Marcha del Hambre y todos los movimientos que emanaron del vientre de ‘la costa de oro’ de mi juventud —aquella ciudad que siempre ha sabido defender y salvaguardar el patrimonio nacional.

Nos preguntamos ¿por qué Colón? ¿Acaso será porque siempre ha sido un ciudad compuesta, en su mayoría, de gente pobre y humilde, de afrodescendientes-costeños y antillanos? ¿Será porque careciendo del poder real y definida por los patriarcas de nuestra sociedad como vagos, ladrones, y perezosos, personas carentes de ambición e incapaces de defenderse? ¿Serán estas descripciones las razones causales del irrespeto, los atropellos y la marginalización de sus habitantes y el deseo de convertir a la ciudad en un puerto libre y así continuar el enriquecimiento de la plutocracia nacional? ¡Creo yo que sí!

Martin Luther King, aquel apóstol de la paz y opositor a la violencia, mantuvo que es nuestro deber resistir a las leyes inmorales. Al igual que Mahatma Gandhi, su mentor, este pagó con su vida por su creencia.

Lo que ha ocurrido en Colón, opino, debe servir como la alarma que despierte la conciencia nacional. No podemos continuar negando e ignorando las realidades de nuestro país. Si un autócrata y sus lacayos pueden vender el patrimonio nacional en Colón sin un plebiscito, también lo pueden duplicar en el resto de la República. No me refiero únicamente a la venta de tierras, sino también a todos los atropellos a nuestra democracia y sistema judicial que han sido comentados y descritos en nuestros medios sociales, pero que hemos, generalmente, ignorado.

Los Hebreos relatan la historia de uno de los suyos quien contó: ‘Primero llegaron por mi vecino y yo no hice nada. Cuando llegaron por mí, no había nadie para ayudarme’.

Opino que el ‘Movimiento Democrático Popular’ que ha florecido en Colón debe extenderse por todo la República y convertirse en la voz del pueblo panameño. Los nacionalistas colonenses han dicho ¡NO! Aprendemos de ellos.

ESCRITOR Y DOCENTE UNIVERSITARIO.