02 de Oct de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Cuando reina la intolerancia

El país ha entrado en una abierta guerra dialéctica. La interpretación de la realidad que hace Ricardo Martinelli, pretende sembrar en l...

El país ha entrado en una abierta guerra dialéctica. La interpretación de la realidad que hace Ricardo Martinelli, pretende sembrar en los panameños una ficción que no encaja con lo que se vive todos los días. No aprende de los errores cometidos y, como si viviera en una comedia griega, va construyendo paso a paso su propia destrucción.

Sin embargo, sigue adelante con su proyecto de infligirle un daño calculado a la sociedad, tratando de despojarla del valor irrenunciable de la unidad nacional. No percibe que su empeño por dividir a la sociedad está destinado al fracaso y, sin importarle en lo más mínimo, va dilapidando las posibilidades que tiene el país de remontar sus adversidades y entrar en una era de condiciones más favorables para todos. Aprovechar esta oportunidad histórica solo para llenarse los bolsillos de cientos de millones de dólares de todos los panameños, no solo es una muestra de codicia patológica, es un crimen contra el patrimonio nacional.

La historia nos enseña que nuestra Nación progresa cuando una conjunción de sectores sociales logra el predominio político con el consentimiento expreso o tácito de sus principales antagonistas. A esta circunstancia histórica los teóricos la denominan períodos de hegemonía consentida. Son épocas de consenso para el logro de objetivos nacionales, como lo fue la recuperación del Canal, y de transformaciones de estructuras sociales.

En cambio, cuando el predominio político de una conjunción de sectores sociales se logra por imperio del engaño y se preserva con el empleo de los Órganos del Estado y los estamentos de seguridad para perseguir y reprimir toda disidencia, el país se estanca o retrocede. A estas circunstancias históricas se las denominan períodos de hegemonía intolerante.

Esa realidad del quehacer del régimen de Martinelli, la ha calcado de cuerpo entero Juan Carlos Navarro y sus amanuences. Se proyectan como representantes de la voluntad de la mayoría, pero violentan los estatutos y utilizan órganos como la Fiscalía y la Defensoría del partido para perseguir y amenazar a quienes los adversan.

De la misma manera como no podemos ser indulgentes con posturas autoritarias por parte del Ejecutivo, que lesionan las libertades democráticas y la dignidad humana, tampoco podemos serlo con las arbitrariedad y la intolerancia de Navarro, porque trata de imponer su predominio político a expensas de los intereses generales del partido, agrediendo desde los intereses de su facción. Esa conducta está generando resistencia y un desorden político a lo interno del partido, porque al avasallar los principios solo se abren causes de intolerancia.

La reciente inscripción de más de 40,000 nuevos miembros del PRD no es sinónimo de vitalidad colectiva. Esos nuevos adherentes, en su mayoría, llegaron con todo tipo de objetivos, menos con el propósito de fortalecer el torrijismo y el imperio de la política sobre la economía. Representan intereses individuales en una sociedad cada vez más fragmentada en su representación política. En esa realidad los partidos de masas ya no representan a las masas, sino a pequeños núcleos de intereses. Eso es aprovechado por la dirección del PRD para apuntalar el clientelismo.

El único interés de carácter global debería ser la democracia, pero ésta no es concebida por todos de manera uniforme, sino medida en función de soluciones concretas a sus necesidades existenciales. Las adhesiones no se dan porque los unen los valores democráticos, sino los intereses clientelares.

Es indefectible que los vientos cambien, como sucede históricamente en el devenir de los pueblos. En ese momento habrá el ajuste de cuentas para los falsarios que lo único que hicieron fue envilecer con sus prácticas de compra de conciencias a los ciudadanos proclives a venderse, pero no aportaron nada a la democracia, la justicia social y la unidad de los panameños.

No debemos permitir que esta nueva dirección, que es parte de la mafiocracia martinellista, paralice la energía creadora de los panameños que creemos en el torrijismo e hipoteque nuestra fe en un mejor futuro. Antes habrá que derrotarlo en las urnas, o crear otras instancias de expresión partidaria, para inaugurar una época de consenso interno y de progreso sustentable para toda la Nación.

MIEMBRO DEL PRD.