05 de Oct de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

20 de diciembre de 1989: trauma nacional

La madrugada de la Invasión a Panamá según el control sismológico de la Universidad de Panamá que registró antes de averiarse debido a l...

La madrugada de la Invasión a Panamá según el control sismológico de la Universidad de Panamá que registró antes de averiarse debido a la extrema violencia, se registraron trece horas continuas de una especie de temblor de tierra con un grado de intensidad de 5 en la escala de Richter, debido al bombardeo con bombas de 1,000 y 2,000 libras. En ese tiempo cayeron 422 bombas, lo equivalente a una por cada dos minutos.

Estados Unidos gastó millones de dólares durante 3 días de brutal violencia militar contra Panamá, dejando como saldo a miles de muertos y heridos y a un país en completo caos. El ejército norteamericano utilizó un armamento bélico de última generación, desconocido y hasta en fase de experimentación y según el ex-procurador general estadounidense Ramsey Clark es casi seguro que todo ese equipo se usó para probar su efectividad porque hubo una muestra de fuerza excesiva injustificable.

Estados Unidos consideró a la invasión un gran éxito político militar, a pesar de que uno de sus supuestos objetivos no se dio durante la operación: la captura del antiguo empleado de la CIA desde los años 60 y quien bajo la dirección de George Bush padre tuvo un aumento de sueldo de más de 100,000 dólares al año, eximiéndolo del requisito de proveer reportes sobre el narcotráfico en Panamá, el exgeneral Manuel Antonio Noriega. Sin embargo, la satisfacción del gobierno estadounidense estuvo en que se lograron sus verdaderos objetivos de destruir los cuarteles militares panameños más importantes, eliminar totalmente al ejército panameño que se haría cargo de la seguridad del Canal a partir del año 2000 y lograr para ellos un eficaz ensayo bélico para la guerra del Golfo Pérsico.

Los bombardeos indiscriminados en los barrios más populosos de Panamá nos sorprendieron la madrugada del 20 de diciembre de 1989 a los panameños quienes nos preparábamos para las fiestas de Navidad. Muchos niños, jóvenes, adultos y ancianos vivieron la barbarie de esta invasión: presenciaron que para los invasores las vidas humanas de los panameños carecían de valor; vieron la destrucción total de la estructura militar y policiaca panameña; el daño incalculable a la economía panameña; la destrucción de aeropuertos, escuelas, edificios públicos y viviendas y los despidos masivos de empleados de empresas públicas y privadas en los meses siguientes.

La invasión produjo en nosotros los panameños un daño psicológico inmensurable, sobre todo para quienes vivieron directamente el escenario del combate armado. Esta acción bélica produjo un trauma en la mente de miles de panameños, ya que nos enfrentamos a la destrucción repentina de las instituciones sociales que daban solidez a nuestra existencia, desde nuestros hogares hasta las instituciones públicas, provocándonos sentimientos de temor y de pánico a perder la vida, una ansiedad por no saber la suerte corrida por nuestros familiares y amigos y la incertidumbre respecto a si se contaría con la alimentación, la vivienda, los bienes y con el resguardo de la propia vida ante el riesgo de semejante masacre.

Esta invasión nos afectó a muchos por la intensidad de los bombardeos y la dispersión y diversidad de las áreas de combate dentro de las ciudades de Panamá y Colón, este trauma se hizo extensivo a grandes sectores de la población e indiscutiblemente para las víctimas directas el daño psicológico fue y es mayor y más duradero que para aquellos quienes fuimos impresionados desde cierta distancia por el ruido ensordecedor y estremecedor del bombardeo, los disparos, las llamas, las imágenes de mujeres y niños muertos producto de la sanguinaria intervención y de la manipulación bochornosa y sistemática de los grandes medios de comunicación serviles al gobierno norteamericano que presentaban como una ‘Causa Justa’ semejante acto de crueldad para imponer ‘La Democracia’ interpretada como el poder absoluto de la oligarquía tradicional. Sin embargo, en el ámbito mundial se condenaba y se acrecentaban las críticas a la intervención del ejército estadounidense en Panamá y al gobierno panameño encabezado por el presidente Guillermo Endara juramentado en una base militar estadounidense en la zona del canal como Presidente de la República de Panamá, por ser ganador de unas elecciones auspiciadas con más de 10 millones de dólares del gobierno norteamericano a través de la CIA y la Fundación Nacional para la Democracia, con el fin de influir en sus resultados electorales.

Si a la población panameña se le hubiese alertado, tal como fueron prevenidos, resguardados y trasladados a una base militar estadounidense el ex-presidente Endara y los ex-vicepresidentes Ford y Arias Calderón y sus familiares; se hubiese podido evitar tantas víctimas, pues hasta el Pentágono reconoció que el 75% de las víctimas fueron civiles e incluso el impacto sicológico de esta sorpresiva invasión hubiera sido menor.

Es innegable que el Gobierno de los Estados Unidos y la oligarquía panameña pro-norteamericana es responsable de no sólo de los más de 4,000 muertos según la estimación del ex-fiscal general estadounidense Ramsey Clark, sino del hecho de que aproximadamente 20,000 personas quedaron sin vivienda, de los muertos incinerados, depositados en fosas comunes, metidos en basureros de barrios pobres, de los que fueron acribillados de bala, de los que fueron arrojados al mar, de los desaparecidos, de las pérdidas materiales y de los daños económicos, nunca compensados e intencionalmente olvidados y por supuesto su plena responsabilidad por los daños psíquicos causados a la población en general y por la muerte posterior y el deterioro humano y material de personas quienes quedaron emocionalmente afectadas.

Esta invasión en una sola noche causó más muertes y daños que las que produjeron Noriega y sus antecesores juntos durante los 21 años que gobernaron el país en su dictadura. Y lo más llamativo de todo esto es que posterior al 20 de diciembre de 1989 las cifras de criminalidad se elevaron, lo que reveló que la invasión fue tan traumática que alteró significativamente el comportamiento social de los panameños; y para asombrarse aún más, según datos de la Oficina General de Contabilidad de los Estados Unidos en los 2 años siguientes a la invasión se duplicó la cantidad de cocaína entrante al país existiendo según el magistral documental ‘The Panama Deception’ evidencias de que miembros del nuevo gobierno panameño estuvieron involucrados en estos negocios a través de bancos comerciales y compañías fraudulentas.

Este trauma nacional marcó para siempre a esta nación; y son precisamente los culpables y cómplices de esta invasión, quienes han hecho todo lo posible para ocultar la verdad de este acto de lesa humanidad de tan grandes magnitudes y paradójicamente estos responsables son ahora vistos como héroes y padres de la democracia.

INGENIERA INDUSTRIAL