03 de Oct de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

El fin del mundo

El gobierno de Estados Unidos, la NASA y el Vaticano, entre otros, han salido a desvirtuar los ‘falsos rumores’ acerca del fin del mundo...

El gobierno de Estados Unidos, la NASA y el Vaticano, entre otros, han salido a desvirtuar los ‘falsos rumores’ acerca del fin del mundo este 21 de diciembre en referencia a predicciones del calendario maya. Los sacerdotes mayas, por su parte, han enfatizado que en esa fecha no se producirá ninguna catástrofe que ponga en peligro la Tierra.

De lo que se trata es del fin de un ciclo establecido por el calendario maya que abarca 5126 años y que se inició en el 3114 antes de Cristo y concluye, precisamente, el 21 de diciembre del 2012. Lo que anticipa la mitología maya es el cambio de una era no un cataclismo natural. El suceso maya debería motivar una profunda reflexión acerca de una realidad irrefutable: el Apocalipsis bíblico.

En los anales de la historia humana, el desarrollo de las naciones, el nacimiento y caída de los imperios, parecen depender de la voluntad y las proezas de los hombres, de su poder, ambición y caprichos. Pero en las Sagradas Escrituras se descorre el velo y encima, detrás y a través de la trama y urdimbre de intereses, el poder y las pasiones humanas, Dios actúa controlando la historia. Los propósitos de Dios no conocen premura ni demora.

La secuencia ordenada en el surgimiento y la caída de los poderes humanos anuncia que este es, después de todo, un universo controlado. Dios predomina y juzga en los asuntos temporales de los hombres.

La Biblia presenta una serie de señales del fin del mundo que comprenden un tiempo de angustia sin precedentes con terremotos, guerras y derramamiento de sangre, con alteraciones cósmicas que afectarán el Sol, la Luna y las estrellas. ‘Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla se removió de su lugar’ (Apocalipsis 6:14).

Aunque solo Dios conoce el día y la hora de la consumación de los tiempos, las señales del fin proclaman el inminente desenlace. El triunfo final de Dios comienza con el regreso de Jesús, la resurrección de los muertos que descendieron a la tumba creyendo en las promesas divinas y la traslación de los justos vivos a lugares celestiales previamente preparados, mientras que los impíos serán muertos.

Antes del regreso de Jesús se desarrollará un juicio investigador en el cielo en el que se dará el veredicto de acuerdo con las decisiones éticas hechas durante la vida por cada ser humano. La resurrección y la traslación de los elegidos ocurrirá como resultado de ese juicio.

El libro de Apocalipsis habla de un periodo de 1,000 años, conocido en las profecías como el milenio, posterior al traslado de los creyentes al cielo. El milenio es el periodo durante el cual Jesús reinará con sus escogidos en el cielo. En ese tiempo Dios instalará un tribunal de trascendencia cósmica para demostrar que hizo todo lo que estuvo a su alcance para salvar a la humanidad rebelde. Dios quedará vindicado ante los seres humanos y los habitantes de los mundos no caídos, porque Satanás no solo arruinó la vida humana en este planeta, también sembró dudas en el universo en torno a la justicia e imparcialidad de Dios.

Durante el milenio la Tierra estará completamente desolada, desprovista de vida humana, pero ocupada por Satanás y sus ángeles. Al finalizar el milenio, Jesús y sus escogidos descenderán del cielo e instalará una nueva ciudad en esta Tierra. Los impíos muertos resucitarán y junto con Satanás y sus ángeles, rodearán la ciudad para tratar de tomarla por asalto, pero el fuego de Dios los consumirá y purificará el planeta.

El juicio ejecutivo después del milenio es la culminación del juicio final universal. ‘Porque he aquí que viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama’ (Malaquías 4:1).

Después de esta destrucción final del mal, Dios creará ‘nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento‘(Isaías 65:17). ‘No habrá muerte, ni llanto, ni clamor ni dolor porque las primeras cosas ya pasaron‘ (Apocalipsis 21:4.). La Tierra nueva será la eterna residencia de todos los redimidos.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.