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25 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Por quién doblan las campanas…

Al clausurarse el año 2012 e iniciarse el 2013, con dolor y tristeza me despedí de tres grandes amigos: el ingeniero Juan Antonio Stagg,...

Al clausurarse el año 2012 e iniciarse el 2013, con dolor y tristeza me despedí de tres grandes amigos: el ingeniero Juan Antonio Stagg, el fotógrafo Frank Trowers y el compositor Alonso Wilson DeBriano. Los tres impactaron imborrablemente en mi persona.

El poeta británico John Donne expresó con claridad la relación intrínseca entre los seres humanos. Escribió: ‘La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad. Por ende no envíes a preguntar por quién doblan las campanas, doblan por ti’.

Al egresar del ‘Nido de Águilas’ en 1955 y consciente que en Panamá no existía cabida política, económica ni cultural para un nieto de antillanos proveniente de La Boca, Colón y Río Abajo, con visa de estudiante viajé a los Estados Unidos para ingresar en la Universidad de De Paul, en Chicago, graduándome en 1959. ¡Contradicción de contradicciones! Dejé Panamá para residir en la cuna del racismo, Estados Unidos de Norteamérica.

En 1961 me trasladé a Nueva York, donde me destaqué como educador y activista político. Entre mis actividades organicé en 1973, a nivel nacional, la primera Conferencia de panameños residentes en EEUU. En este intervalo conocí al embajador Aquilino Boyd y a su íntimo amigo Juan Antonio Stagg, nuestro cónsul general. Ambos me estrecharon sus brazos de amistad, amistad que duró hasta el final de sus días. Fueron ellos quienes propulsaron a este ‘antillano’ —aquel que no encontró cabida política en su país natal— a ser representante alterno, con rango de Embajador, ante la ONU y luego la OEA. Gracias a ellos conocí y trabajé con íconos contemporáneos panameños como el Dr. Jorge Illueca, el canciller Juan Antonio Tack, el presidente vitalicio del PRD Carlos A. Duque y el infatigable magnate empresarial Alfredo ‘Baby’ Alemán. ¡Gracias, Toño! ¡Gracias, Aquilino!

Al fotógrafo Frank Trowers lo conocí cuando éste laboraba en el estudio fotográfico de mi padre, Alberto H. Russell, quien en aquel entonces era uno de los fotógrafos profesionales de más auge en la nación. Tenía yo unos 12 o 13 años de edad y lo único que me interesaba era el ‘beis’, las muchachas y el baile, en ese orden. Fue Frank quien me encarriló a aprender los secretos fotográficos y concentrarme en otras áreas de madurez. Posteriormente, Frank se trasladaría a Nueva York. Al volvernos a topar yo escribía y producía obras teatrales. Frank asistió a todas mis obras —12 en total—, trayendo consigo 5 o 6 personas. ¡Gracias Frank!

Si algún día nuestro país honrara a nuestros músicos populares estableciendo un museo exaltando los grandes talentos que hemos producido, un busto de Alonso Wilson DeBriano ocuparía un sitio prominente. En los años 50 y 60 Alonso creó el ritmo popular conocido como ‘El Son Windsor.’ El ‘Son Windsor’ fue el ritmo preferido de nuestra clase popular. Las orquestas de Armando Boza, Marcelino Álvarez y Clarence Martin destacaban la música de Alonso Wilson.

Fuimos condiscípulos en el Instituto Nacional. Hoy todavía conservo la imagen de aquella mañana cuando participamos en el desfile de nuestras fiestas patrias. Siendo músico, Alonso compuso un arreglo especial del ‘pájaro carpintero’ en el cual las cornetas se convirtieron en ‘pájaros carpinteros’, seguido por el ritmo marcial de los tambores.

El difunto arquitecto Alberto Smith F., el arquitecto Leroy Rogers y este servidor, los tres estudiantes formábamos la primera fila del desfile. Dominamos el paso militar alemán que nos enseñara el insigne profesor Luis T. Zerr. Seguros estábamos que ese año ganaríamos la competencia entre las bandas escolares. Aquella mañana de sol resplandeciente arrancamos bajo el tutelaje del Profesor Zerr y la melodía mágica de Alonso Wilson y el toque estupendo de nuestra banda. Lamentablemente fuimos vencidos por el Arte y Oficios y su batutero fenomenal, el gran Cha-Chá.

Hoy, sabiendo que en un futuro me tocará caminar aquella senda solitaria, la poesía de Mari Evans me viene a la mente. Escribió: ‘Cuando yo me muera llegará mucha gente para cerciorarse si estoy realmente muerta o si continúo creando pleitos.’

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