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24 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El político atacado

A bres el periódico. Lees el título de la noticia. Procedes a leer el texto. Su contenido te dice poco, mucho o nada. Hay o no elementos...

A bres el periódico. Lees el título de la noticia. Procedes a leer el texto. Su contenido te dice poco, mucho o nada. Hay o no elementos para el análisis. Puede que dé pie a la confusión. Eso no importa. Igual lo interpretas a tu manera. Te lanzas a prejuzgar y, de pronto aseguras: ‘Lo sabía, el fulano es un corrupto. El periódico lo dice’. Y tú, lo das como incuestionable.

Mientras un comentario favorable se expande a 4 personas, uno desfavorable llega a 10. Distintas velocidades y distinta voracidad del cerebro humano por lo bueno y lo malo. Lo negativo va más rápido, se retransmite más, vende más, y encuentra mayor disponibilidad receptiva. En la política pasa algo muy parecido, casi igual. John Bullock, de la Universidad de Yale, investigó el tema en el 2006. El experimento fue así: A un grupo de personas se les da a leer el título de una noticia en que se desacreditaba a un personaje de la política. Luego se leía el contenido de la noticia donde igualmente se le descalificaba. Resultado: con solo ver el título, el 56% desaprobaba al político. Al leer la noticia, la desaprobación saltó al 80%. Luego les presentaron un desmentido claro e inequívoco demostrando que lo que habían leído era falso. Y la desaprobación bajó, claro. Pero bajó solo hasta el 72%. ¿Queda claro? 56% de rechazo antes del ‘ataque’, la información negativa levanta el rechazo hasta el 80%, y el desmentido solo lo baja hasta el 72%.

Conclusiones del experimento: 1.- Las campañas negativas afectan al candidato y hacen crecer el rechazo hacia el atacado hasta entre su propia gente. 2.- Los desmentidos no ayudan a que los que ya eran partidarios del atacado, vuelvan a creer en él. 3.- Los desmentidos no logran volver a convencer a los que no eran sus partidarios en el momento del ataque. 4.- Las informaciones falsas y las opiniones negativas, hacen daño.

La campaña negativa resalta los errores y defectos del adversario. Los estudia, los subraya ante el público. Los pone en primer plano. Los destaca y pone sobre ellos una inmensa lupa y un potente foco de luz. Busca que el público advierta el grave error que significaría votar por ese adversario. Y las consecuencias negativas que acarrearía. La campaña sucia, mientras tanto, ataca igualmente al adversario. Pero lo hace no resaltando sus errores y defectos, sino creándolos. La campaña sucia distorsiona la realidad, inventa, atribuye cosas que no son reales. Y lo hace a sabiendas, con el único objetivo de dañar al otro sin importar cual sea el medio utilizado. Para ello atraviesa las fronteras de la ética, de la dignidad, del decoro. No busca ilustrar al público ni prevenirlo. Busca engañarlo. Es bueno saberlo. Y es bueno saber que entre la campaña negativa y la campaña sucia hay una delgada línea roja que las separa y diferencia. Más vale no cruzarla.

Persuadir al lector con noticias falsas o con medias verdades, es como plantar un virus en el cerebro del lector que funciona durante días, a veces durante toda una vida. Cuando entras al juego y rejuego de una campaña negativa, la campaña sucia está a la vuelta de la esquina. Ambas son destructivas. Pero, esto no significa que no te defiendas. Tu honorabilidad y dignidad están en juego. Y, no solo la tuya sino la de tu familia. Y, hay quienes gozan con verte arrinconado. Es una especie de sadismo-político.

Prejuzgar, es dictaminar, es condenar, es castigar, es criticar antes de tiempo y con desconocimiento. Situación que sucede a diario cuando un régimen de comunicación masiva es manipulador de la conciencia humana. Y si vives en un país donde no hay cultura sociopolítica, a la larga afecta la convivencia pacífica de un pueblo. Prejuzgar consiste en emitir juicios antes de conocer a la persona que es vilmente atacada. Hay un cierto placer emocional tendiente a desacreditar en una primera instancia. Nos hacemos cómplices de una información que busca destruir. Y, no solo le pasa a los políticos sino a cualquier ser humano envuelto en una maraña de eventos susceptibles a una investigación judicial y que a las finales no hay pruebas fehacientes del hecho ilícito. Aunque debo reconocer que un medio de comunicación se ha constituido como la herramienta eficaz para dilucidar un conflicto que no es atendido por las instancias respectivas. Siempre y cuando el medio no se dé a la tarea de enjuiciar sin prueba alguna.

La autoestima es un concepto amplio que incluye factores emocionales (yo siento), cognitivos (yo pienso) y conductuales (yo hago). En la práctica estos factores se entremezclan constantemente retroalimentándose los unos con los otros. De esta manera podemos comprender cómo nuestros prejuicios sociales o estereotipos estigmatizan a determinadas personas. Nuestra autoestima influye tanto en nuestro provecho personal como en los juicios que tenemos de los otros. Al juzgar a los otros lo que hacemos es plantearnos expectativas sobre nosotros mismos.

Uno de los problemas más frecuentes en la comunicación son los cuestionamientos, las críticas y las dudas. Son su oxígeno, su santo y seña, su vida. Y solo unos pocos, muy pocos, sobreviven a este atentado. Un medio de comunicación serio es diálogo e interacción con sus lectores. Es enriquecer tu vida a través de la información con la verdad sin destruir. Un medio de comunicación es sinónimo de formadores de opinión.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA