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21 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La paternidad

Cuando el hombre logra superar la tendencia natural que existe a ser irresponsable en su relación matrimonial, y luego de reflexionar de...

Cuando el hombre logra superar la tendencia natural que existe a ser irresponsable en su relación matrimonial, y luego de reflexionar decide amorosamente participar de forma activa y responsable en la procreación y educación de la prole, entrará en un ámbito novedoso y que lo hará comportarse como el padre que los hijos y su esposa esperan de él.

Este es un don único y maravilloso, que cuando el hombre decide vivirlo con amor, genera en él sentimientos de gozo, orgullo y lo enaltece como ser humano.

Pero no crean, ser padre no es una tarea fácil, conlleva sacrificios, renuncias, como estar al lado del hijo enseñándole, guiándolo y, sobre todo, trasmitiéndole la cultura, los valores y el testimonio que luego el niño incorporará en su vida de adulto.

Es por ello que los abuelos, luego de haber disfrutado la paternidad, reflexionan y dialogan entre sí, que dieron lo mejor por ser buenos padres, que cometieron errores, que pospusieron el tiempo destinado a jugar con sus hijos y ver que nunca llegó.

Un buen padre es atento en amar, alimentar, educar y trasmitir valores de familia, como el respeto, la pertenencia a la familia y ejercer la libertad.

Pareciera como si el hombre de hoy temiera ejercer plenamente su paternidad, lo veo inclinado más a un papel de compañerito ‘pío pío’, teme ejercer autoridad, evita dedicar ‘tiempo’ e interactuar con los hijos; es mezquino con dar amor, compañía, apoyo y, sobre todo, testimonio de un trabajo honesto, colaborar con la madre en los quehaceres del hogar y hacerla partícipe en levantar una familia con sacrificio, entrega y amor.

Cuando un padre opta por dejar a los ‘los expertos’, quienes inundan con publicaciones baratas de cómo debe ser un padre moderno y opta por realizarse realmente como ser humano, siendo papá, dando amor, cariño, bondad y ternura, como algo natural y propio del ser humano, entonces iniciará el camino para degustar pedacitos de cielo en este mundo.

Este solo cambio hace surgir buenos ciudadanos, solidarios y amantes de todo lo que hacen y, sobre todo, respetuosos de su padre y de los que lo rodean. Pero sobre todo, retadores, valientes, exigentes consigo mismo y con los demás, justos y honestos.

Sueño con un mundo donde se le dé el respeto que merece un padre y que el padre respete al hijo como un ser separado de él, con identidad propia, pero con sangre en sus venas que lleva su gen, que se desenvuelva sin temores ni complejos de ser llevado a los tribunales por omisión o exceso de autoridad.

Sueño con ver padres que aman y reprendan a los hijos con amor y por amor, el hijo lo recibirá con el mismo amor y respeto. Recuerden que el pequeño necesita un guía que le enseñe, entre el bien y el mal y es allí donde reside nuestro papel de padres.

Aún no es tarde para que se tome conciencia y se le dé vida a la vocación a la que todos hemos sido llamados, ser padres responsables no solo hoy, sino del tiempo por venir. La humanidad instintivamente camina hacia mejores derroteros; por lo tanto, manos a la obra para crear ese ambiente propicio.

Es un error separar el amor de la paternidad, para traer hijos ‘a la carta’, como algo comercial y satisfacer caprichos a personas egoístas, como si fueran objetos de consumo; esto inclina la balanza hacia la deshumanización, alejándolo del núcleo básico, LA FAMILIA, donde él encuentra un real sentido para seguir viviendo, para amar y ser amado, ser respetado, valorado y libre.

MÉDICO-ROTARIO.

—COMISIÓN DE VALORES DEL CLUB ROTARIO PANAMÁ.