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24 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La cumbre de los pueblos

En Santiago de Chile se celebró un encuentro que reunió a los jefes de gobierno de los países latinoamericanos (33) y de la zona europea...

En Santiago de Chile se celebró un encuentro que reunió a los jefes de gobierno de los países latinoamericanos (33) y de la zona europea (27). La preocupación principal de los 60 gobernantes fue ponerse de acuerdo en cómo continuar acumulando capital a escala global, para distribuirlo entre sus grandes empresas financieras.

No parecería extraña un reunión de este tipo, si no fuera porque Europa está en medio de una crisis económica que amenaza con acabar con los sueños de los grandes capitales que idearon la unión europea hace 60 años. Alemania y Francia —el eje principal de la unión— están a punto de sucumbir ante su incapacidad para continuar acumulado riquezas al ritmo exigido por las demandas capitalistas insaciables. La gran debilidad europea es su falta de liderazgo e imaginación en estos momentos de crisis. La misma clase que condujo a los europeos hacia la crisis con políticas neoliberales (reducir el consumo de los trabajadores y eliminar sus beneficios sociales) sigue a la cabeza del ‘viejo’ continente con estrategias equivocadas de más austeridad. Acabarán hundiendo la unión artificial basada en ideologías y sueños anquilosados.

Los europeos llegaron a Santiago de Chile como la flota española de hace 500 años con sus velas desplegadas. Durante la reunión vaciaron sus bolsas llenas de triquiñuelas y espejitos. A la vez, le exigieron a los gobiernos latinoamericanos que abrieran sus economías para recibir inversiones y permitir la superexplotación de los recursos de la región. Casi la mitad de los gobiernos de la región le dijo a los europeos, en forma diplomática, que no negociarían bajo esos términos. Un sector, sin embargo, dijo que estaban ‘abiertos para hacer negocios’. En otras palabras que sus expertos le redactaran los tratados de ‘libre comercio’. Igual hicieron Atahualpa y Montezuma hace 500 años.

Durante las reuniones de los gobernantes, también se celebró un encuentro paralelo de representantes de todos los pueblos de América Latina y Europa. Los reunidos emitieron una Declaración Cumbre de los Pueblos donde subrayaron ‘la necesidad de construir las bases para un nuevo modelo de sociedad que transforme los pueblos de ambos lados del (Atlántico) y nos den la esperanza de que otro mundo es posible’.

La cumbre denunció la mercantilización de las personas y de la naturaleza, producto de la lógica capitalista en ambos continentes. La declaración plantea que es inaceptable que se privilegien ‘a los inversionistas frente a los derechos de los pueblos a través de acuerdos comerciales y acuerdos bilaterales de inversiones’. La declaración también rechaza la política de los gobiernos de ambos continentes que ‘privatizan los servicios públicos, desmantelan el Estado de bienestar, (promueven) la precarización del trabajo y desplazan a los pueblos originarios’. La declaración acusa a los gobernantes europeos de haber dado ‘un golpe de Estado contra los derechos de los pueblos. La troika europea (FMI, BCE, Comisión Europea) obliga a los estados a endeudarse para salvar a los bancos... Así mismo, para que los pueblos paguen la crisis’ provocada por los especuladores.

La cumbre de los pueblos de América Latina y Europa propuso diez políticas para detener el despojo y recuperar las riquezas que les han sido arrebatadas. El primer objetivo es pasar de ser resistencia y movimientos reivindicativos a organizar una propuesta política-social integral de país. El segundo objetivo es ‘promover el paradigma del buen vivir basado en el equilibrio del ser humano con la naturaleza’. El tercer objetivo es construir una ‘democracia directa, participativa y popular’. Cuarto, ‘promover la participación política de las juventudes, desde un enfoque de género’. Quinto, ‘respetar la libre determinación de los pueblos originarios, como pueblos hermanos no sometidos a la territorialidad impuesta por la colonización’. En sexto lugar, ‘frenar el avance de las leyes antiterroristas que pretenden criminalizar la protesta de los movimientos sociales y populares. En séptimo lugar, rechazar la instalación de bases militares en América Latina y Europa y repudiar las intervenciones cívicos-militares en Haití, Honduras y Paraguay’.

En octavo lugar, promover los derechos de la mujer con un proyecto político antipatriarcal y anticapitalista. En noveno lugar, reconocer y promover los derechos de los migrantes.

Finalmente, en décimo lugar, ‘romper con los sectarismos que fragmentan, dividen e impiden la construcción de unidad del campo popular. Sólo la unidad y la solidaridad entre nuestros pueblos nos darán la fuerza necesaria para alcanzar nuestros más altos objetivos y vencer’.

La declaración saludó con optimismo el diálogo por la paz en Colombia, condenó el bloqueo de EE.UU. contra Cuba, reconoció el derecho argentino a reunirse con las islas Malvinas, la necesidad de ofrecerle a Bolivia una salida al Pacífico y exigió que se respetaran los derechos del pueblo-nación Mapuche en Chile. La Cumbre incluyó en su declaración un saludo al pueblo palestino, que lucha por la consolidación de su Estado soberano.

Los europeos están aprendiendo de América Latina. Sólo les falta asumir la dirección de sus gobiernos y aplicar políticas más de acuerdo con las demandas populares. Necesitan políticas de estímulo, que generen más empleo y bienestar. Europeos y latinoamericanos tienen que rescatar la frase hecha popular hace varias décadas: Los pueblos unidos jamás serán vencidos.

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.